Opinión

Gerente general de ICACIT
En América Latina, la inversión en IA dentro del sector educativo está creciendo a un ritmo exponencial —hasta 2.5 veces por año según indicadores regionales—. No obstante, en el Perú, nos enfrentamos a una paradoja que debemos tener en cuenta: mientras los estudiantes ya integran la IA en su día a día, la oferta de carreras profesionales especializadas en esta disciplina aún tiene mucho por crecer. Estamos consumiendo tecnología a gran velocidad, pero aún no asumimos un rol protagónico en su desarrollo ni en su aplicación estratégica en sectores clave del país que permitirían impulsar de manera sostenible la competitividad, la innovación y el crecimiento nacional.
El riesgo de una integración “recreativa” de la IA en las aulas es alto. Si las universidades se limitan a permitir el uso de modelos de lenguaje para redactar ensayos o resolver códigos sin un marco de mejora continua, estaremos entregando al mercado laboral profesionales dependientes de la herramienta, pero incapaces de supervisar la calidad de sus resultados.
¿Por qué es imperativo elevar el estándar? Primero, por la relevancia profesional. Hoy, el 70% de los empleadores ya prioriza competencias en IA sobre la experiencia tradicional. Segundo, por la ética algorítmica y la responsabilidad social. No basta con saber qué botón presionar; el graduado debe comprender los sesgos y la gobernanza de los datos que los sustentan y las implicancias sociales, legales y económicas de las decisiones mediadas por la IA. En este sentido, para transitar hacia una educación superior de calidad en la era de la Inteligencia Artificial, propongo tres pilares urgentes: Evaluación basada en procesos y no solo en productos; cierre de la brecha académica para que todos aprendan a utilizar la IA de forma crítica, ética y estratégica; y la Acreditación programática internacional con visión de futuro, orientada a evaluar no solo la pertinencia y coherencia del plan de estudios, sino también la solidez de la infraestructura tecnológica, la capacitación continua del cuerpo de profesores y la integración efectiva, ética y medible de la Inteligencia Artificial en el proceso formativo.
La Inteligencia Artificial no ha venido a reemplazar al profesor ni a anular al estudiante. El reto para las instituciones de educación superior peruanas es liderar este cambio con rigor. De lo contrario, corremos el riesgo de ser simples espectadores de una revolución que otros están escribiendo.