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  • de abril de 2026

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Julio C. Tello, maestro y pionero

El padre de la arqueología peruana dejó un legado que ha marcado las ciencias sociales en el país hasta hoy.


Editor
Ernesto Carlín Gereda

Editor de Culturales

ecarlin@editoraperu.com.pe


De acuerdo al libro “The Life and Writings of Julio C. Tello: America’s First Indigenous Archaeologist” (Vida y obra de Julio C. Tello: el primer arqueólogo indígena), del norteamericano Richard L. Burger, Tello hizo lo imposible para cualquier persona que hubiera surgido de ese entorno.

“Se licenció en medicina y convenció al gobierno peruano para que lo enviara a Harvard y a universidades europeas a especializarse en arqueología y antropología. Posteriormente, regresó a su país para contribuir al desarrollo de la arqueología peruana moderna y de las instituciones a través de las cuales se practicaba”, se lee en la obra citada.

En conversación con el arqueólogo Daniel Castillo, subrayó la importancia del origen de este científico pionero.

“La vida de Julio C. Tello se identificaba sentimental y emocionalmente con el indígena peruano; estaba ligado a él tanto económica como racialmente, y experimentaba en carne propia la marginación ejercida por las clases gobernantes de su tiempo”.

Desenterrando el mito

El padre de la arqueología nacional era consciente del carácter reivindicador de su trabajo. En un escrito suyo hace notar lo poco estudiada que estaba la cultura, previo a la llegada de los españoles.

“He aquí la obra de mi raza que vaga proscrita entre las soberbias moles de los Andes. Ella es digna de parangonarse con las más avanzadas culturas y civilizaciones del mundo; y si ayer fue capaz de hacer esto y organizarse en colectividades perfectas, mañana, cuando le llegue la hora de su reivindicación, le será posible superarse y mostrar al mundo el poder de su voluntad y el vuelo de su mente”, indicó el intelectual.

Hay que considerar que a inicios del siglo XX, época en que desarrollaría sus fecundas investigaciones, había una fuerte corriente indigenista.

Desde la literatura hasta la pintura y la filosofía se interesaban en el tema. La arqueología no se quedó atrás.

La aparición de Tello significó el cambio de paradigmas para este campo del saber.

Si antes se había dado poca importancia a los restos arqueológicos y se ejecutaron algunos expolios a nuestro patrimonio, con Tello se enfocó de otra manera.

El alemán Federico Max Uhle, que trabajaba para universidades de Estados Unidos, había planteado que la civilización arribó a nuestras costas producto de la influencia de las culturas de Mesoamérica.

Pero para Tello no era así. Él planteaba que tanto las urbes de Mesoamérica como las que surgieron en los Andes habían surgido de manera separada. La alta civilización andina era, para él, un producto autóctono.

El giro de enfoque no es solo académico, sino político e ideológico.

Un peruano, de origen humilde, planteaba una explicación compleja para la historia. Además reclamaba que se interprete el pasado conforme a los procesos internos que se vivieron en nuestra particular geografía.

Nuestro pasado

Es interesante que Uhle y otros personajes extranjeros vieran en los tesoros arqueológicos de Perú no solo un material de estudio, sino de exportación.

“Al doctor Tello no habría que recordarlo solo como gran excavador ni como figura tutelar de la arqueología peruana. Habría que recordarlo, especialmente, como alguien que entendió que el pasado no podía seguir siendo botín, huaqueo ilustrado ni colección de objetos arrancados de su contexto”, explica al respecto su colega peruano Hernán Hurtado.

Tello, el político

Fuera del ámbito académico fue uno de los rostros visibles de los cambios sociales y políticos que se vivieron en el Oncenio de Leguía, gobierno que puso fin a la República Aristocrática.

Así lo señala el historiador Paulo Drinot en su libro “Los años de Leguía”, indicando que en el Parlamento y en diferentes esferas de decisión empezó a verse a personas de clase media de las regiones.

“Julio César Tello, antropólogo, fue diputado por Huarochirí, su tierra natal. Más allá de su papel clave en el desarrollo de la arqueología en Perú (fundó el Museo de Antropología), también impulsó legislación a favor de la población indígena”, asegura Drinot.

Resulta curioso que su incursión en la política se diera con Leguía, a quien la propaganda oficialista lo llamaba Huiracocha.

Propiedad peruana

La defensa del patrimonio cultural fue un eje central en la trayectoria de Julio C. Tello, quien planteó una posición firme frente a la salida de bienes arqueológicos del país en las primeras décadas del siglo XX.

En un contexto en el que numerosas piezas eran trasladadas al extranjero bajo el argumento de la investigación científica, Tello sostuvo que estos objetos no podían separarse de su territorio sin afectar su valor histórico y simbólico.

Su postura quedó claramente expresada en “Introducción a la historia antigua del Perú (1921), donde afirmó: “Los monumentos arqueológicos de Perú son propiedad de la Nación y su estudio debe realizarse en el propio territorio”.

Este principio no solo implicaba una defensa legal, sino también una visión política: el patrimonio debía servir para construir conocimiento desde Perú y fortalecer la identidad nacional.

Así, Tello cuestionó prácticas como la exportación de piezas –como ocurrió con materiales de Machu Picchu– y promovió la creación de instituciones científicas propias.

Fecha de nacimiento

11 de abril, día del arqueólogo peruano, es el natalicio de Julio C. Tello.