Opinión
Gastroenterólogo Oncólogo de la Liga Contra el Cáncer
Los síntomas no avisan con fanfarria. Cambios persistentes en el hábito intestinal (diarrea o estreñimiento que no ceden), sangre en las heces (aunque sea solo una manchita), dolor o cólicos abdominales constantes, sensación de que el intestino nunca se vacía del todo, cansancio inexplicable y pérdida de peso sin dieta. La mayoría los atribuye a “estrés”, “gastritis” o “algo que comí”. Error. Cuando por fin vamos al médico, el tumor ya avanzó.
Los datos son brutales y recientes. En América Latina, donde el cáncer colorrectal representa cerca del 9% a 10% de los cánceres, la obesidad, sedentarismo, carnes procesadas, azúcares refinados, alcohol y falta de fibra, factores que antes tardaban décadas en pasar factura, ahora lo hacen antes de los 40 años.
Lo más preocupante no es la enfermedad, sino nuestro comportamiento. Ignoramos las señales por vergüenza (“¿yo con colonoscopía?”), por negación (“eso les pasa a los abuelos”) o por pereza. Preferimos culpar al “estrés del trabajo” antes que cambiar la dieta o hacer ejercicio. Mientras tanto, el 20% a 30% de los pacientes ya tiene metástasis al diagnóstico.
La solución existe y es concreta. Primero, prevención real: dieta rica en fibra, frutas, verduras y cereales integrales; ejercicio diario; nada de tabaco ni exceso de alcohol; limitar carnes rojas y ultraprocesados. Segundo, detección temprana. Las guías ya recomiendan exámenes desde los 45 años, y antes si hay antecedentes familiares. Colonoscopía cada 10 años o pruebas de sangre oculta anuales pueden salvar vidas. Nueve de cada diez casos detectados a tiempo se curan.
La Liga Contra el Cáncer, una institución que no espera a que el cáncer te encuentre, ofrece chequeos preventivos, colonoscopias y endoscopias accesibles y atención integral. La reserva de cita se realiza en la central telefónica (01) 204-0404 o WhatsApp 99376-2019.
Dejar de normalizar síntomas, exigir políticas de alimentación saludable y dejar la vergüenza de lado es la única forma de frenar esta tendencia. El cáncer de colon en más jóvenes no es “mala suerte”. Es consecuencia. Y la responsabilidad es colectiva: de la industria, del Estado y, sobre todo, nuestra.