Opinión
Rector de la Universidad Autónoma del Perú
Sin embargo, en medio de la tertulia, el grupo se cuestionó, ¿por qué la juventud actual se pregunta de qué me sirve estudiar?
Esta no es solo una queja juvenil aislada; es la señal de una desconexión profunda.
En un país donde, si bien más del 90% de los jóvenes culmina la secundaria, menos del 40% accede a la educación superior, según datos de 2023, la brecha es evidente.
¿Estamos formando ciudadanos o solo acumuladores de certificados sin un norte claro?
La realidad nos golpea con otra cifra: más de 1.17 millones de jóvenes en Perú son “ninis” (ni estudian ni trabajan), y lo más revelador es que el 52.6% de ellos tiene secundaria completa.
Esto demuestra que terminar el colegio, por sí solo, ya no garantiza la inserción ni el futuro prometido. Es aquí donde el concepto de propósito se vuelve el cimiento de una vida adulta plena y con sentido.
Estudiar con propósito no se trata solo de elegir una carrera, sino de entender cómo ese camino impactará la propia vida y la comunidad.
El verdadero desafío de la educación actual no es el acceso, sino la pertinencia y la orientación vocacional que transforma la fatiga de las aulas en energía vital.
Pienso en los compañeros de carpeta, hoy logrados después de recorrer la vida por 50 años. Pienso en aquél que luchó contra el narcotráfico, aquél que buscó justicia, aquél que ayudó a formalizar empresas o que alivió al enfermo.
Llegar a donde han llegado es el fruto de encontrar esa razón de ser. Todos y cada uno han mejorado su entorno; todos son el resultado de haber encontrado ese “por qué” mayor. Su educación fue la herramienta, pero su propósito fue el motor.
Cuando un estudiante encuentra su propósito, el estudio deja de ser una obligación y se convierte en una inversión. Este enfoque no solo resuelve la frustración individual, sino que contribuye directamente a forjar una sociedad más fuerte, resiliente y con una dirección clara.
Un país lleno de personas con propósito es un país que avanza con convicción.
La educación es importante, pero la educación con propósito es vital. Es tiempo de cambiar la pregunta de “¿Qué estudio?” a “¿Para qué quiero servir?”.