• DOMINGO 26
  • de abril de 2026

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Garcilaso de la Vega y su construcción del Perú


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Garcilaso, un neoplatónico, explicó que provenimos de dos fuentes esenciales: la occidental (europea, hispánica, cristiana) y la andina. Su premisa es que no son antagónicas. Argumenta que la destrucción de las Indias, tal como la concibieron los españoles, carecía de soporte ético y constituía un error trágico, ya que el encuentro, el puente y el diálogo de civilizaciones eran inevitables, previstos teleológica y providencialmente.

Para lograrlo, buscó equiparar la civilización andina al mundo occidental. Su táctica requería que ambas fueran equiparables en varios niveles culturales, con grados análogos de validación moral y de configuración material (grandes carreteras, arquitectura impresionante, etcétera). Esto evitaba que el mundo andino quedara en una situación de desventaja. Así, reconvirtió la narrativa de destrucción, minimizando su impacto y obligando al diálogo entre el mundo andino y el occidental por medio del mestizaje.

Para evitar la barbarización, reivindicó la capacidad epistémica y administrativa del mundo andino (como la existencia de filósofos y maestros). En su descripción, narró la historia de los incas como la representación del estatus máximo de la civilización andina, lo cual, para Garcilaso, significaba que con los españoles se produjo un encuentro y no un choque.

Subrayó su idea de peruanidad al usar el término ‘inca’ en su nombre, lo cual no fue casual, sino una apelación retórica con impacto para su lector contemporáneo y, astutamente, para la posteridad. Además, se declaró abiertamente originario del Cusco, cual un gesto público de validación cultural. En su estrategia contra la inferiorización, concedió al quechua una posición equitativa, la incorporó al debate como una lengua que representaba un mundo y en una posición de igualdad epistémica con el español. De ese modo, la convirtió en un arma de reivindicación de sus orígenes.

Garcilaso buscó un reconocimiento mutuo, incorporando a los incas en la dinámica global y el orden universal. Así, dejó un legado de lectura armonizante de un indigenismo incaísta mestizado con el mundo occidental, pero también idealizó el incanato a tal punto que las consecuencias de esa romantización aún persisten. El Tahuantinsuyo, como todo imperio, subyugó y sometió diversas culturas. Algunas crónicas sostienen que algunas etnias colaboraron con los españoles, viéndolos como liberadores de la opresión inca. Garcilaso, por lo tanto, habría sublimado y quitado el componente más violento del imperio inca; de esa manera, construyó una utopía, una ficción poderosa que sigue creando nostalgias imperiales.