En los últimos años, especialmente después de la pandemia, la flexibilidad laboral se ha convertido en una de las principales herramientas para mejorar el equilibrio entre la vida laboral y personal. El teletrabajo, los horarios flexibles y otras modalidades han sido promovidos como soluciones para alcanzar mayor bienestar. Sin embargo, surge una pregunta importante: ¿la flexibilidad, por sí sola, realmente permite lograr este equilibrio?
La flexibilidad laboral permite adaptar condiciones como el horario o el lugar de trabajo para responder tanto a las necesidades de la empresa como de los trabajadores. Sin duda, genera beneficios: reduce tiempos de traslado, brinda mayor autonomía y puede mejorar la productividad. Pero también tiene límites.
En la práctica, la flexibilidad también ha planteado nuevos retos. Si bien ofrece ventajas, su implementación inadecuada puede generar efectos no deseados, como la difuminación de los límites entre el trabajo y la vida personal, especialmente en modalidades como el teletrabajo. En algunos casos, esto puede derivar en situaciones de estrés, agotamiento o aislamiento laboral. Además, este impacto no es igual para todos. En muchos casos, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas del hogar y de cuidado, por lo que la flexibilidad no reduce su carga, sino que la reorganiza.
Aquí es donde entra la corresponsabilidad. Este concepto implica que las responsabilidades del trabajo y del hogar deben ser compartidas de manera equitativa, no solo entre hombres y mujeres, sino también con el apoyo de las empresas y el Estado. No se trata de “ayudar”, sino de asumir responsabilidades de manera conjunta.
Sin corresponsabilidad, la flexibilidad puede quedarse corta. Por ejemplo, trabajar desde casa puede significar una mayor carga doméstica si no existe una distribución real de tareas, y los horarios flexibles pueden terminar afectando el descanso si no se establecen límites claros. En estos casos, la conciliación deja de ser un beneficio y se convierte en una responsabilidad individual.
Por eso, las empresas deben contribuir activamente en este cambio. Esto implica escuchar a los trabajadores, evitar la sobrecarga laboral, respetar el derecho a la desconexión y evaluar el desempeño por resultados. También es importante respetar y promover licencias vinculadas con el cuidado, como las de paternidad, adopción o aquellas para atender a familiares en estado grave o terminal, ya reconocidas en el Perú.
Desde una perspectiva más amplia, la experiencia comparada muestra que algunos países han avanzado hacia modelos más equitativos mediante la incorporación de licencias parentales. En Cuba, Chile, Colombia y Uruguay se han implementado esquemas que permiten distribuir el tiempo de cuidado entre ambos progenitores, con protección del empleo y opciones flexibles. Este tipo de medidas representa un paso importante hacia una corresponsabilidad real, al reconocer que el cuidado no debe recaer únicamente en la mujer, promoviendo así no solo una distribución más equitativa de los roles familiares, sino también la igualdad de oportunidades, la no discriminación y la equidad de género.
De ahí que el Estado también tiene un papel importante. En el Perú existen avances, pero muchas medidas siguen enfocadas principalmente en la mujer. Esto puede reforzar estereotipos y limitar la participación de los hombres en el cuidado. Por ello, es necesario avanzar hacia políticas más equilibradas que involucren a ambos.
Desde el marco constitucional, este enfoque tiene un respaldo claro. El artículo 4 de la Constitución Política del Perú reconoce la protección de la familia, mientras que el artículo 6 promueve la paternidad y maternidad responsables. En la misma línea, el Convenio 156 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificado por el Perú, refuerza la igualdad de oportunidades para quienes tienen responsabilidades familiares, en concordancia con el principio de corresponsabilidad.
En el marco del Día del Trabajo, vale la pena reflexionar sobre esto. La flexibilidad laboral es una herramienta útil, pero no suficiente. El verdadero reto es avanzar hacia una corresponsabilidad real que permita distribuir mejor las responsabilidades y lograr un equilibrio más justo.