Entre sertones y favelas: comentario a «Madame Vargas Llosa»
José Vadillo Vila
Periodista
La nueva novela de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966) es un artefacto literario gozoso, con ráfagas de humor y de locura.
En su anterior trabajo, «Minimosca» (2025), este mismo espíritu gregario narrativo se movía bajo un supuesto caos: el narrador echaba mano y trasformaba personajes reales, teorías y contextos de un mundo del siglo XX, ricos en sus referentes sociales y culturales latinoamericanos y occidentales. Todo lo hilvanaba para crear una realidad falseada que vive bajo sus propios códigos; un mundo propio que, por momentos, asemejaba al espacio real o leído, donde habitamos.
Ahora, en «Madame Vargas Llosa» (2026), Faverón Patriau vuelve a proponernos la novela como espacio de divertimento, de placer estético, de goce en la lectura y de espacio donde convergen las coordenadas.
En esta nueva propuesta narrativa, se presta de identidades y situaciones literarias. Y una serie de coincidencias permitirán interrelacionar hechos y personajes en esta novela corta.
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La novela, como su nombre lo indica, es un homenaje a nuestro escriba mayor: Mario Vargas Llosa (1936-2025). Faverón toma como punto de partida el origen y la investigación que hizo el nobel peruano para su libro «La guerra del fin del mundo» (1981). El resto, es pura inventiva.
Es largamente conocido el método de trabajo de Mario Vargas Llosa (MVLL); su rigurosa forma de investigar, su necesidad de visitar bibliotecas y espacios que le servían de asidero para materializar sus ficciones.
Sin embargo, salvo las líneas de agradecimiento en la dedicatoria de «La guerra del fin del mundo» a Euclides da Cunha, autor del libro «Los Sertones» (1902), quien dio a conocer la Guerra de Canudos, que inspiró a Vargas Llosa; y a la escritora y académica Nélida Piñón, quien seguramente le facilitó bibliografía para su empresa literaria, no hay información mayor sobre sus visitas de investigación literaria a Brasil donde, desde la década de los setenta, MVLL gozaba de fama y reconocimiento.
Este vacío lo aprovecha Gustavo Faverón para fagocitarlo con sus delirantes personajes, en una historia donde no faltan telenovelas estrambóticas, peceras habitadas por pirañas hambrientas, asesinatos, referencias artísticas ni locura.
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Faverón materializa su pasión vargasllosiana, primero, a través de un personaje: la escritora transgénero «Maria Trindade», quien asegura ser MVLL o «madame Vargas Llosa»; que desde las favelas escribe novelas con títulos similares a los del autor real, ni bien se entera en qué trabaja el peruano. Trindade puede representar a muchos escritores, quienes admiraron la fama y creatividad del desaparecido narrador.
En ese juego narrativo, aparece el propio MVLL, ora en el éxtasis de la búsqueda documental, recorriendo anónimamente el sediento sertão, tras las ruinas de Canudos, disfrazado de Antonio Conselheiro; ora atravesando el río Ucayali en un mítico navío, tal vez, el del mismísimo Fitzcarraldo.
También podemos hallar en «Madame Vargas Llosa» alguna crítica, sutil, cómo no, a la mirada del MVLL ensayista. En un momento, Faverón hace triunfar al bárbaro con sus ideas frente al racionalismo vargasllosiano.
Lo que no existe -no es su fin- es una confrontación de ideas, de posturas ante el mundo o el poder. Los personajes de Faverón viven en un espacio, entre la realidad y la ficción, creado a la medida de cada uno, donde su preocupación es, finalmente, la de cumplir con sus sueños artísticos o atizar el fuego de la venganza. Esta novela es un divertimiento inteligente, que mantiene, con sus artes literarias, atento al lector.
Pero, ¿qué tipo de lector sería ideal para esta novela de Gustavo Faverón? Esta novela no la gozarán por igual quienes desconocen de sus referentes literarios, artísticos, cinematográficos. Faverón va tras un lector enterado o curioso por el arte y la literatura de esta parte del mundo, producido entre las décadas de 1960 y 1980, cuando Latinoamérica, cultural y políticamente, estuvo de moda.
Podríamos colegir que el pundonor con el que se tocaba, en la ficción o el ensayo, a la figura de MVLL, se ha ido trastocando tras su fallecimiento. Y hoy, las editoriales importantes y comerciales, son más permisibles a que los autores se tomen licencias sobre su colosal figura. Por ejemplo, está circulando en Seix Barral Perú el libro de J.J. Maldonado, «E-mails con Roberto Bolaño», donde aparece el cuento «Lo que Mario Vargas Llosa no dijo» con un joven escribidor embrujado por los bajos mundos del centro de Lima.
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«Madame Vargas Llosa» está dividida en cuatro partes. Gustavo Faverón presenta los hecho y encamina a los lectores hacia una dirección, pero realiza un giro de timón, cuando toma las riendas de la narración otro personaje. Empiezan a retirarse algunas caretas. Vamos, también, desembarcando en el territorio de la locura. Mas en las manos del autor, esta también puede resultar otra falsa coordenada.
Faverón no solo toma al MVLL real y a «Madame Vargas Llosa» como personajes principales, reconocibles. Aparece el famoso cineasta mozambiqueño-brasilero Ruy Guerra convertido en un artista díscolo, preocupado en producir en audiovisual las ideas que solo él escucha en su mente de Zebodé Anzesul, a quien nadie más conoce.
Otro hilo conductor es el guionista de telenovelas brasileras Manoel Magalhães, «Fittipaldi». Puede ser el estereotipo de un creador exitoso (guionista millonario, dedicado a las farras tras la fama). Mas es alguien con sus propias cuitas. Con «Rita Fontana», Faverón le dará el viraje final a su novela: un personaje fantasmagórico que da sentido a lo que parecía incoherente; y se entenderá mejor la obsesión de Fittipaldi por el guion aún no escrito de la telenovela Reencarnación o Metempsicosis.
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Si bien la novela se ambienta en gran parte en Brasil, es muy peruana. Necesita del Perú y de MVLL para existir como fábula.
Los personajes de Faverón se divierten, pero el narrador tiene cierta descon-fianza con la vida lujuriosa del guionista exitoso, Fittipaldi. Eso es un rasgo muy peruano y limeño: desconfiar de la exteriorización excesiva de la alegría y de la felicidad.
Entonces, la literatura de Faverón no es apátrida. Es cosmopolita, sí, pero su asidero es el Perú. Ya en «Minimosca» aparecen diversos momentos y es-cenarios que la relacionan con el Perú, como César Vallejo, el centro de Lima, y, sobre todo, su construcción verbal, tan peruana y limeña. A partir de ella, el autor logra la seguridad para moverse y tener una mirada del mundo.
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No quiero dejar pasar por alto que «Madame Vargas Llosa» es una novela con mucho humor. Existen, por lo menos tres tipos de humor que sobrevuelan su narrativa.
El primero es un humor culturoso con códigos que entiende quienes frecuentan los círculos del arte y la cultura. También hay un humor negro, más pedestre, humano, como el de Fittipaldi. Y un tercer humor más contenido, elegante, de terno y corbata, como el MVLL ficcionalizado.
Otro giro humorístico: Faverón ha denominado a la colección que supuestamente ha iniciado con «Madame Vargas Llosa» (no sabemos si será verdad o es otro elemento narrativo): «Más opio del pueblo, 1». Ojalá la lectura llegase a ser el opio del pueblo, para despertar la duda, la creatividad y la reflexión en los lectores.
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Ya en «Minimosca» (no he leído otros títulos del autor), Faverón dio rienda a personajes, bellos como artistas, pero delirantes. Fue la locura una justificación literaria para darle cordura a ese rocambolesco libro y también a «Madame Vargas Llosa».
El otro aspecto que reaparece en su nueva novela, es el instinto asesino, también presente en algunos personajes de «Minimosca». Entonces, locura y asesinos están presentes, haciendo un guiño a la influencia del cine.
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La novela de Gustavo Faverón Patriau también nos lleva a preguntarnos, ¿hacia dónde va la novela tras Mario Vargas Llosa? Lo que ofrece en su nueva novela nos acercar a uno de esos caminos, pues Faverón ya inició su internacionalización con creces. Es abundante la cantidad de comentarios positivos que va consiguiendo su obra a ambos lados del charco. Seguramente, seguiremos hablando de él.
El propio novelista también se está haciendo más personaje, más producto literario. Hay un trabajo más detallado de las fotografías. Por ejemplo, a diferencia de las tres primeras novelas publicadas por Peisa («El anticuario», «Vivir abajo» y «Minimosca»), que tienen una misma foto, tal vez por cábala literaria; ahora, el asunto fotográfico también mejora, se diversifica.
A todo esto, ¿qué habría pensado al leerlo nuestro nobel? Creo que se habría reído mucho con «Madame Vargas Llosa» viéndose ficcionalizado, imitado, vestido bajo otras pieles literarias. Habría aplaudido la aparición de esta novela posmoderna.
Ficha:
Faverón Patriau, Gustavo. «Madame Vargas Llosa» (Lima, Grupo Editorial Peisa, 2026). Serie «Más opio para el pueblo». Pp. 167.
(FIN) JVV/JVV
?? Con motivo de su participación como País Invitado de Honor en la 50º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el Perú presenta una amplia y diversa agenda cultural que busca visibilizar la diversidad literaria y la riqueza artística.