Sindicatos y sostenibilidad empresarial: una mirada desde el avión
Gonzalo Vojvodic
Director del Sindicato de Pilotos de LATAM Perú (SIPLAP)
La industria aeronáutica es uno de los ejemplos más claros de esta transformación. En Estados Unidos y Europa, organizaciones de pilotos como la Air Line Pilots Association (ALPA) o la British Airline Pilots Association (BALPA) participan activamente en procesos regulatorios, análisis de datos operacionales y desarrollo de estándares de seguridad.
Un caso emblemático es la denominada regla de las 1,500 horas, impulsada por ALPA en EE. UU. para elevar estándares de seguridad operacional e incrementar la experiencia mínima de los pilotos comerciales.
Desde su implementación, la proporción de accidentes fatales en la aviación comercial de EE. UU. ha disminuido en un 99.8%.
En América Latina, este modelo comienza a consolidarse progresivamente y los gremios de pilotos empiezan a posicionarse como aliados técnicos.
Sin ir muy lejos, el Sindicato de Pilotos de LATAM Perú (SIPLAP) participó meses atrás en el proceso de actualización de la normativa para el block time o tiempo de vuelo.
Con la regulación anterior, que estaba alejada de los estándares internacionales, el piloto peruano dejaba de contabilizar tiempo de vuelo, lo cual significaba un mayor riesgo de fatiga. La corrección de este criterio no solo mejora la medición de la carga laboral en un país que enfrenta deficiencias en infraestructura y geografía diversa y compleja, sino que también fortalece la gestión del riesgo de fatiga y la planificación de tripulaciones.
A ello se suma el rol de la negociación colectiva institucionalizada como herramienta de gobernanza. Cuando existen marcos claros y relaciones basadas en la buena fe, las tensiones laborales pueden canalizarse sin afectar la operación ni generar contingencias legales. Esto contribuye a la predictibilidad financiera, la estabilidad del servicio y la confianza del mercado.
La experiencia del sector aeronáutico demuestra que los sindicatos profesionalizados, con capacidad técnica y visión estratégica, pueden convertirse en aliados para la sostenibilidad empresarial. Más allá del ámbito laboral, su participación aporta valor en la gestión de riesgos, la continuidad operativa y la construcción de confianza.