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Mientras termina de combinar el guiso de pollo con el maíz molido, cuenta que su receta se la enseñó una vecina, la cual logró perfeccionar gracias a la búsqueda de los secretos de otras maestras y a un aprendizaje autodidacta basado en pruebas de ingredientes y mezclas.
A la fecha, con 74 años, es usuaria del programa Pensión 65, del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), y es considerada una de las sabias gastronómicas de Lamas, participando en las ferias y actividades que revaloran los conocimientos ancestrales de los adultos mayores.
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Sus ganas de aprender y su serenidad a la hora de cocinar le han permitido alcanzar las medidas exactas para satisfacer los paladares más rigurosos. “Me buscan y me hacen pedidos de hasta 100 unidades”, asegura.
Tras alistar las hojas de plátano para terminar el proceso, detalla la clave de su sazón. “Hago un sudadito de pollo con ajos licuados, comino, cúrcuma molida, ají dulce, culantro licuado, maní tostado, sal al gusto y grandes cantidades de alegría. Todo se junta al maíz y logramos una masa riquísima, que se envuelve, se ata con pabilo y se cocina”, agrega.
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Toque amazónico
Guerra Saboya sabe que en el país hay diferentes tipos de tamales, cada uno con un encanto especial, ya sea por un producto en específico o por la preparación. De todas formas, afirma que el suyo es uno de los mejores de San Martín porque, además de encontrar el punto medio entre el legado de sus maestras y su exploración culinaria, transmite toda la energía y el entusiasmo que caracterizan a una persona de su región.
“Me sale rico porque hiervo bien el mote y luego lo combino con el guisito de pollo en mi batán. Incorporo el maní y un toque secreto. Al final, lo amarro fuerte para que no se deforme en la cocción. Me preguntan cómo los hago y siempre digo que se debe a la felicidad que le pongo”, declara con una sonrisa pícara.
La usuaria de Pensión 65 siente que sus tamalitos cautivan a quienes lo prueban, por el toque amazónico. “Están hechos con puros condimentos y sazonadores que encuentro en Lamas. Por eso son deliciosos: tienen el toque de mi provincia, que les da esa magia y sabor de la Selva”, concluye, mientras acomoda una pequeña pirámide que entregará en un cumpleaños.
Aprovecha el tiempo
El emprendimiento de doña Luisa nace cuando su hijo comienza a estudiar y ella decide aprovechar las horas de la mañana. “Tenía que trabajar para apoyar a mi esposo. Ahora él me ayuda con mis tamalitos, humitas y juanes, que vendo en ferias y en mi casita”, precisa. Al instante, añade que también participa de los encuentros de transmisión intergeneracional, donde comparte sus habilidades con decenas de estudiantes.