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De las trece candidaturas finalmente inscritas, solo tres aparecen en las encuestas de intención de voto con porcentajes de apoyo significativos y con una considerable ventaja sobre el resto de aspirantes, lo que hace que la campaña se concentre en ese ramillete de fórmulas presidenciales.
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Al balotaje
Desde que arrancó la campaña en noviembre pasado, el senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, partido del presidente colombiano, Gustavo Petro, se ha mantenido al frente de la intención de voto, con un apoyo que supera el 35%, según distintas encuestas.
Le siguen el ultraderechista Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, con una intención de voto que oscila alrededor del 25%; y Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que ronda el 22%.
El resto de candidatos, entre quienes se encuentran nombres conocidos de la política colombiana como los exalcaldes Sergio Fajardo, Claudia López y Carlos Caicedo; el exsenador Roy Barreras o los exministros Mauricio Lizcano y Luis Gilberto Murillo logran poco apoyo en las encuestas, en algunos casos inferior al 1%.
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Esas proyecciones muestran un escenario completamente abierto en el que ningún candidato parece tener el caudal suficiente para ganar en primera vuelta, con lo cual la definición más probable será en la segunda entre Cepeda y alguno de los dos que le siguen en las encuestas.
Visiones distintas
Cepeda, a quien sus rivales llaman “el heredero” de Petro, es visto con desconfianza por la derecha e incluso por un sector del centro que lo considera un radical de izquierda por su ideario político y sus propuestas de implantar “un capitalismo social”, distinto del “especulativo e improductivo” que considera que se ha centrado en la explotación de hidrocarburos y en “las ganancias del sector financiero”.
“Nuestra visión es totalmente distinta a la que tiene la extrema derecha uribista sobre los problemas económicos de nuestra sociedad. Buscamos consolidar un modelo en el que el crecimiento económico, la consolidación de la democracia, la justicia social y la sostenibilidad ambiental se refuercen mutuamente en beneficio del país”, señaló Cepeda en un mitin en Ibagué.
Una desconfianza similar, pero en el otro extremo, despierta De la Espriella, alineado con los presidentes estadounidense, Donald Trump; salvadoreño, Nayib Bukele; y argentino, Javier Milei.
“Lo que defiendo es la extrema coherencia, los principios y valores fundacionales, por eso estoy proponiendo un modelo diferente de hacer política. No vine a hacer la política de siempre, yo vine a cambiar la política para siempre”, afirmó en una entrevista.
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De la Espriella, que se hace llamar el Tigre, propone un gobierno libre de políticos tradicionales para combatir la corrupción; así como un Estado reducido, y promete la construcción de diez megacárceles como las de Bukele “para encerrar a los bandidos”.
Lucha femenina
Entre las visiones de Cepeda y De la Espriella, la senadora Paloma Valencia, discípula del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), quien suele acompañarla en sus actos de campaña, representa a una derecha menos radical que intenta atraer a un importante sector del centro, desdibujado y sin grandes líderes desde las elecciones del 2018.
Con ese propósito, Valencia escogió como compañero de fórmula al economista independiente Juan Daniel Oviedo, homosexual asumido que le ha dado un aire fresco a su candidatura y, aunque existen diferencias entre ambos sobre muchos temas, argumentan que “sumar entre distintos es difícil” pero de eso se trata la búsqueda de la unidad nacional.
Valencia enfrenta también la oposición de sectores que no ven con buenos ojos a una mujer presidenta, pese a que en el país hay líderes femeninas en la administración pública y en el sector privado, entre ellas la vicepresidenta Francia Márquez.
En la carrera presidencial están también la exalcaldesa bogotana Claudia López y la empresaria Sondra Macollins, alejadas de cualquier posibilidad de triunfo, por lo que Valencia intenta recoger las banderas de la mujer.
“La primera vez que una mujer votó en Colombia muchos dijeron que no era el momento; la primera vez que una mujer llegó al Congreso muchos dijeron que ese no era un lugar para las mujeres, y la primera vez que una mujer viajó a la Luna el mundo entendió que las mujeres no tenemos límites”, afirmó Valencia en un video en el que se ven imágenes de Christina Koch, astronauta de la misión Artemis II.
Denuncias
La candidata Paloma Valencia denunció la existencia de un plan para asesinarla, orquestado por un frente de las disidencias de las FARC, versión que fue desmentida por el presidente Petro, y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez.
“He sido informada por el ministro de Defensa, el ministro del Interior y el director de la Policía Nacional que un grupo narcoterrorista le ha puesto otra vez precio a mi cabeza”, declaró Valencia a periodistas.
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Según la candidata, que figura en el tercer puesto en las encuestas de intención de voto para las elecciones presidenciales del 31 de mayo, la información que recibió indica que detrás de la conspiración está el Frente 42 de las FARC, con un sujeto conocido por el alias de Buchetula. “Le pagaron 560,000 dólares para que me asesine”, explicó. (EFE)
El poder es una droga
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, advirtió que “el poder es una droga, transforma a la persona”, durante la presentación del libro “Diario de una transición histórica”, de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.
“El paso por el poder tiene que ser rápido, si no esa persona se degrada”, afirmó el presidente en un conversatorio en el que insistió en que los liderazgos deben ser temporales y ser sometidos al control ciudadano para evitar derivas autoritarias.
El mandatario sostuvo que las transformaciones democráticas deben centrarse en la participación de la sociedad y no en figuras individuales, al señalar que “la democracia no es solo elecciones, es el ejercicio cotidiano del poder en manos de la sociedad”, y defendió una mayor descentralización hacia las comunidades.
Petro también subrayó la importancia de dejar memoria escrita de los procesos políticos, al afirmar que estos relatos permiten a las nuevas generaciones entender los aciertos y errores de los gobiernos.