• SÁBADO 2
  • de mayo de 2026

Opinión

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APROXIMACIONES

¿Neutrales frente a los problemas sociales?

Ir más allá de la significación técnica de la política es algo que nos conviene, si se busca un mejor modo de vivir.


Editor
Luis Francisco Eguiguren Callirgos

Doctor en Filosofía. Facultad de Humanidades. Universidad de Piura


Por otro lado, en la “Ética a Nicómaco” –obra abocada a la reflexión de cómo lograr prácticamente la felicidad humana– Aristóteles afirma –explícitamente– que la Política es superior a la Ética, porque el bien supremo del ser humano no puede alcanzarse de manera aislada, sino dentro de la comunidad política. Desde el inicio del Libro I señala que la Política es la “ciencia arquitectónica” que ordena todas las demás, incluida la Ética, ya que busca el bien común, más elevado que el bien individual.

Aristóteles expresa que la felicidad –que todos y cada uno buscamos– es vivir de acuerdo con la virtud, ejercitando la recta razón y manteniendo esa práctica durante toda la vida; es el fin último de la Ética y la Política, porque solo en una comunidad justa la vida feliz individual puede florecer plenamente.

La virtud la entiende como hábito electivo bueno –libre– que consiste en un justo medio entre el exceso y el defecto. Por ejemplo, la virtud ética de la mansedumbre es el equilibrio frente a la ira (la actitud de molestarse o enfadarse). Su exceso es la irascibilidad (enfadarse por todo). Su defecto es la incapacidad de enojarse (no reaccionar, incluso, cuando se es tratado injustamente).

En la Escuela de Atenas, a la que se está haciendo referencia al mencionar a Aristóteles (discípulo de Sócrates), como fundador, y a Platón, como eminente continuador, la Política no se definía como una mera técnica para llegar al poder y mantenerse en él; sentido que predomina en nuestros tiempos para el término política. Por lo tanto, la “polis”, la comunidad humana que es la siguiente a la familia, célula básica de la sociedad, no es un artificio convencional, técnico, sino una realidad natural.

El ser humano solo se realiza plenamente dentro de la comunidad política; quien vive fuera de la polis –de la comunidad– no es propiamente humano, sino “una bestia o un dios”, se lee en “La política”, libro I, capítulo II. Una bestia, porque quien vive fuera de la “polis”, sin necesidad de ella, se rebaja a lo instintivo, se hace incapaz de alcanzar la vida humanamente buena. Un dios, porque solo un ser autosuficiente y perfecto podría prescindir de la comunidad; en la visión griega, eso corresponde a los dioses, no a los hombres.

La continua búsqueda del modo de vivir mejor, con plena conciencia de lo que hacemos, es algo que caracteriza a la Escuela de Atenas y, luego, lo asume el cristianismo, esclareciendo las concepciones de voluntad, como facultad principal de la persona; y de la libertad, como propiedad esencial del acto de esta facultad.

Para Aristóteles, según la “Ética a Nicómaco”, la mejor manera de vivir, la felicidad, incluye necesariamente la amistad –que llama en griego “philia”–. Esto implica también que no se puede ser feliz siendo neutral o indiferente a los problemas sociales, o sea, a los problemas de los otros, de los amigos. Lo explica en los libros octavo y noveno de la obra. Con extensión importante en el conjunto de este escrito.

Conforme a todo lo expuesto, se entiende por qué no es posible ser neutral ante los problemas sociales, siguiendo a la Escuela de Atenas y a la enseñanza cristiana en cuanto asume los principios del humanismo de esta escuela y, más aún, los principios de la revelación anunciada por Cristo, perfecto ser humano autor del orden natural, como hijo de Dios, sin el que nada fue hecho, como menciona el inicio del evangelio de San Juan.

Trascender, ir más allá de la significación técnica de la política, es algo que nos conviene, si se busca un mejor modo de vivir para uno mismo y para las nuevas generaciones. Al respecto, resulta aconsejable la reflexión filosófica armónica, tanto individual como grupal –propiciando la conversación, amistosa, unidos en búsqueda de la verdad–, de clásicos como “El político” de Platón, junto a obras aristotélicas como la “Ética a Nicómaco” y “La política”, con orientación de quienes conozcan en su integridad el “corpus platonicum” o el “corpus aristotelicum” y su trayectoria en la historia de las ideas.