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El acoso escolar es una conducta agresiva repetida, intencional y sostenida en el tiempo, que ocurre en un contexto de desequilibrio de poder real o percibido entre quien agrede y quien recibe la agresión.
Puede manifestarse de manera física, verbal, relacional o digital. Desde la Dirección de Salud Mental se precisa que no todo conflicto entre pares constituye acoso escolar; la repetición de la conducta y la asimetría de poder son elementos clave para identificarlo.
Sus efectos pueden ser profundos y afectar distintas áreas del desarrollo. A nivel emocional, puede generar tristeza, ansiedad, miedo anticipatorio, vergüenza, culpa y sensación de indefensión. En el plano conductual, suele expresarse mediante aislamiento, evitación escolar, irritabilidad, retraimiento social o pérdida de interés en actividades cotidianas. Además, puede afectar de manera directa el desempeño académico, provocando dificultades de concentración, bajo rendimiento, ausentismo escolar, alteraciones del sueño y síntomas físicos recurrentes.
Quienes ejercen conductas agresivas presentan mayor riesgo de desarrollar problemas emocionales, conductas violentas, consumo de sustancias.