Opinión

Periodista y sociólogo
Corría 1926 cuando España decidió romper con la lógica política tradicional. En lugar de gestionar el agua siguiendo las fronteras de provincias o regiones, esto es, la configuración territorial, el Estado decidió seguir la lógica de la naturaleza: la cuenca hidrográfica y el ciclo del agua.
Con la creación de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) el 5 de marzo de ese año, España se convirtió en el primer país del mundo en tratar a los ríos como unidades naturales indivisibles.
La premisa era simple pero poderosa: lo que sucede en la parte alta de una montaña afecta inevitablemente a la parte media y baja, donde el agricultor siembra en el valle y los ciudadanos y la industria acceden al agua, que luego desemboca en el mar, generalmente.
Este modelo de administración de las aguas es importante en América Latina –poseedora de casi un tercio de los recursos hídricos renovables del mundo– que afronta graves problemas de gestión, distribución y conflictos sociales por el agua. La gestión por cuencas le proporciona unidad de administración en todo el ámbito territorial de una fuente natural; participación de todos sus actores públicos y privados; planificación hídrica a corto, mediano y largo plazo; es decir, se administra con una visión integral y sistémica.
Durante sus primeros 50 años, las Confederaciones en España se centraron en la “ingeniería del agua”: construir presas y canales para convertir tierras secas en motores económicos. Sin embargo, al llegar a su centenario, el enfoque ha dado un giro radical hacia la sostenibilidad.
Hoy, el reto es gestionar el agua protegiendo el ecosistema que la produce. El cambio climático ha golpeado con fuerza a la península ibérica (y al planeta), con sequías más prolongadas y lluvias torrenciales impredecibles. Las Confederaciones están liderando ahora la “gestión del riesgo”, utilizando tecnología satelital y modelos predictivos para anticiparse a las crisis, una experiencia que países como Chile, México o Perú –que enfrentan climas similares– observan y aplican según su realidad y posibilidades gubernamentales.
El centenario de las Confederaciones Hidrográficas no es solo una mirada al pasado. Es una invitación a repensar nuestra relación con el agua, el más valioso recurso natural de la humanidad. En un siglo donde el agua será, más que nunca, el eje de la paz y el conflicto, el modelo español de gestión compartida y científica sigue siendo una brújula y referente necesarios y una base para el perfeccionamiento de la gestión de los recursos hídricos en la sociedad del conocimiento. El agua no conoce fronteras políticas, solo ciclos naturales.