• MARTES 5
  • de mayo de 2026

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La amenaza continúa: a 40 años de la tragedia de Chernóbil

Guerra pone en peligro otra vez la planta nuclear ubicada en Ucrania.

El esfuerzo de varios años de Ucrania y sus socios de minimizar los riesgos se ha visto amenazado por un ataque con drones en febrero del 2025 que dañó el Nuevo Confinamiento Seguro (NCS), una gigantesca estructura diseñada para permitir el desmantelamiento seguro del antiguo escudo protector en su interior.

Deliberado

El ataque ruso, que analistas ucranianos consideran deliberado, ha frenado el esfuerzo que costó 2,100 millones de euros por proteger el cuarto reactor que explotó en 1986, declaró Olga Kosharna, cofundadora del Centro Nuclear de Expertos Anticrisis de Ucrania.

El ataque implica que el NCS ya no cumpla plenamente su función: aislar cualquier posible liberación de materiales radiactivos.

Pese a que el agujero provocado por el ataque ruso en la estructura de 36,000 toneladas fue cubierto y no sufrió daños estructurales críticos, los bomberos perforaron aproximadamente 330 agujeros para extinguir el incendio tras el bombardeo.

Riesgos

Esto comprometió aún más la impermeabilidad de la estructura, permitiendo además la entrada de agua que podría acelerar la corrosión.

El 50% de la importante membrana sintética en el lado norte se quemó y deberá ser reemplazada, de acuerdo con un informe de la ONG ecologista Greenpeace elaborado por el ingeniero Eric Schmieman, quien participó en la creación del NSC.

Esto ha detenido los trabajos de desmantelamiento del antiguo sarcófago y acortará la vida útil del NCS.

“El ataque con drones rusos aumentó el riesgo de que el sarcófago colapse antes de que pueda ser desmantelado de forma segura”, afirmó Shaun Burnie, de Greenpeace Ucrania.

Las reparaciones podrían durar unos cuatro años, con un costo estimado de 500 millones de euros conforme al Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD).

Aunque el NCS podría desplazarse sobre raíles, los trabajos se realizarán directamente sobre el antiguo sarcófago, a pesar de los mayores niveles de radiación en esa zona.

Sarcófago

El NCS sigue protegiendo físicamente el sarcófago de los drones rusos, explicó a la agencia UNIAN Serguí Tarakánov, director de la planta que fue ocupada brevemente por Rusia en 2022.

Asegura que los niveles de radiación se mantienen estables y que el sarcófago no enfrenta un colapso inminente, pero cualquier daño grave podría provocar una dispersión impredecible de materiales radiactivos por Europa.

“Las reparaciones podrían no tener mucho sentido si Rusia vuelve a atacar”, comentó Kosharna, quien señaló que la explosión de un misil ruso cercano equivaldría a un terremoto.

“Es difícil comprender la magnitud de las condiciones mortales dentro del sarcófago. Hay toneladas de combustible nuclear, polvo y escombros altamente radiactivos”, añadió también Schmieman.

Impacto

Desde el inicio de la invasión rusa en febrero del 2022, decenas de misiles y drones rusos han sobrevolado la zona de exclusión de Chernóbil, según la Fiscalía General.

La zona, del tamaño de Luxemburgo, sigue deshabitada salvo por unas 25 personas que regresaron por su cuenta.

El monitoreo científico continúa a escala reducida y registra una recuperación inesperada de la fauna. Sin embargo, el territorio sigue estando “perdido para las personas”, subraya Kosharna.

Se necesitarán miles de años para que los elementos radiactivos peligrosos alcancen niveles seguros.

El impacto a largo plazo en la salud continúa siendo investigado, pero está claro que la contaminación se extiende mucho más allá de la zona de exclusión.

A comienzos del 2026 se detectaron niveles aumentados de estroncio-90 y cesio-137 en la placenta de varias mujeres de Kiev y otras regiones con embarazos complicados, dice Yuri Antipkin, director del Centro Ucraniano de Maternidad e Infancia.

Reacción

Kosharna y otros miembros de la comunidad nuclear ucraniana critican que muchos gobiernos continúen cooperando con la industria nuclear rusa y se muestran indignados ante la “impotencia” y el “cinismo” del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

El OIEA puede carecer de herramientas para castigar a Rusia, pero podría excluirla de su Junta de Gobernadores, relevar al ruso Mijaíl Chudakov de su cargo como director general adjunto y jefe del Departamento de Energía Nuclear o dejar de celebrar eventos en Rusia, sostiene la cofundadora del Centro Nuclear de Expertos Anticrisis de Ucrania.

“El hecho de que el mundo no haya reaccionado con suficiente firmeza solo ha animado a Rusia a utilizar el ‘terrorismo nuclear’ como parte de su estrategia militar en Ucrania y a aumentar los riesgos radiológicos para Europa”, señaló. (EFE)

Escenario geopolítico

Los accidentes nucleares no solo “siguen siendo probables”, sino que “están aumentando a medida que envejece la flota”, especialmente en Europa y Estados Unidos. Así lo señala Cristina Rois, miembro de Ecologistas en Acción y asistente al Comité de Transparencia y Participación Pública del Consejo de Seguridad Nuclear.

A este factor se suma un escenario geopolítico marcado por conflictos armados, que ha elevado aún más la percepción social del riesgo nuclear. “Las centrales no están diseñadas para resistir ataques intencionados”, advierte la experta.

Por ejemplo en Ucrania, las plantas nucleares se encuentran prácticamente en primera línea del conflicto, lo que incrementa de forma significativa los riesgos de seguridad. Rois añade que la preocupación por el impacto nuclear se extiende a otros focos con presencia de reactores, como Irán y los Emiratos Árabes Unidos.