Editorial
“Consolidar un crecimiento sostenible e inclusivo, que se traduzca en más empleo formal, mayores ingresos y bienestar para las familias, exige decisión política y visión de largo plazo”.
El documento proyecta una expansión de 3.2% anual para el período 2027-2029, en línea con la estimación prevista para el 2026. Se trata de una trayectoria que refleja la solidez macroeconómica del país y su capacidad de respuesta frente a un entorno internacional aún incierto. Este crecimiento estará impulsado por mayores niveles de inversión, exportaciones más dinámicas y avances en productividad.
Un elemento central de este desempeño es el fortalecimiento de la demanda interna, particularmente del gasto privado, que permitirá mantener el ritmo de la economía. En este escenario, la inversión privada destaca como motor clave, con una expansión proyectada de 5.5% y tres años consecutivos de crecimiento. Este dinamismo estaría sustentado en inversiones mineras que superarían los 6,800 millones de dólares, así como en nuevos proyectos en infraestructura, vivienda, telecomunicaciones, hidrocarburos y energías renovables.
En materia fiscal, el informe prevé una consolidación gradual de las cuentas públicas. El déficit fiscal se reduciría de 2.2% del PBI en el 2025 a 1.8% en el 2026 para converger a 1% en el 2028. A su vez, la deuda pública se ubicaría en 29.4% del PBI al cierre del 2029, manteniéndose entre las más bajas de las economías emergentes. Este manejo responsable constituye un activo fundamental para preservar la confianza y la estabilidad.
No obstante, el escenario que enfrenta el país no está exento de riesgos. La posible prolongación del conflicto en Medio Oriente y una mayor intensificación del Fenómeno El Niño podrían afectar el desempeño económico y generar presiones adicionales sobre la actividad productiva. Estos factores exigen capacidad de anticipación y liderazgo en la toma de decisiones.
En este contexto, el proceso político en curso y la próxima transición gubernamental no deben introducir incertidumbre ni alterar el rumbo de crecimiento del país. Por el contrario, constituyen una oportunidad para fortalecer la confianza y trazar una hoja de ruta clara hacia un crecimiento más sólido. La siguiente administración tiene la responsabilidad de enviar señales firmes en materia de seguridad y destrabe de inversiones.
El Perú tiene el potencial para alcanzar niveles de expansión mayores si logra activar sus motores productivos. Consolidar un crecimiento sostenible e inclusivo, que se traduzca en más empleo formal, mayores ingresos y bienestar para las familias, exige decisión política y visión de largo plazo. El desafío es convertir las proyecciones en resultados.