• MARTES 5
  • de mayo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
REFLEXIONES

Tres historias en homenaje a las madres


Editor
Ricardo Montero

Periodista


La historia de Thomas Edison es el mejor punto de partida de este relato. Cuentan que siendo un niño de 8 años volvió a casa con una carta de la escuela a la que había ingresado tres meses antes. Nancy, su madre, leyó el mensaje y le ocultó que había sido expulsado porque el colegio lo consideraba incapaz de aprender. Lejos de rendirse, ella tomó el reto de educarlo en casa y le enseñó a leer y a escribir, y lo instruyó en matemáticas, literatura e historia. Nancy vio posibilidades donde el sistema veía limitaciones.

Mucho antes, Nancy Hanks Lincoln, en medio de la pobreza rural del siglo XIX, insistió en que su hijo aprendiera a leer y que no renunciara a comprender el mundo, pese a que no existía una escuela formal en los alrededores de su casa. No fue un acto espectacular, sino una convicción de otra mujer que creía firmemente en los retos y el cambio. Años después, Abraham Lincoln recordaría la influencia de su madre como el cimiento de todo lo que llegó a ser.

La historia de Marie Curie tiene un matiz mucho más dramático. Su madre, Bronislawa Curie, vivió marcada por la enfermedad y murió cuando Marie solo tenía 10 años. Sin embargo, en ese corto tiempo legó a su hija la herencia silenciosa del rigor, la disciplina y el respeto por el conocimiento, fundando en ella una huella de resistencia que le permitió enfrentar la precariedad y los prejuicios hasta conquistar un lugar en la historia de la ciencia.

Estas son tres historias desarrolladas en contextos diferentes, aunque unidas por el mismo ímpetu de mujeres que no poseían el poder para cambiar las circunstancias en que se desenvolvían sus hijos, pero sí el poder de la influencia para lograr que ellos pudieran seguir adelante.

Las madres cuidan y acompañan, pero también interpretan y traducen una realidad, que puede ser implacable, para otorgar a sus hijos una versión más amplia de sí mismos. Quizá por eso su influencia es tan decisiva, incluso en estos tiempos dominados por datos, diagnósticos e Inteligencia Artificial, porque no se puede reemplazar la capacidad de mirar a un hijo y ver, más allá de lo evidente, lo que puede llegar a ser.