• JUEVES 7
  • de mayo de 2026

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Historias que inspiran

con vocación

Conozca el trabajo de dos doctoras del INSN que reflejan cómo la maternidad y la vocación médica se entrelazan.

En la sala de emergencia, donde cada segundo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, hay una figura que no solo lidera, sino que también cuida como una madre. La doctora Alcántara de Sotelo hace de su vocación un acto de amor constante, tanto para sus dos hijos como para los cientos de niños y adolescentes que llegan de diferentes regiones del país en busca de recuperar su salud y en otros casos tener la oportunidad de vivir.

Natural de Chimbote, su vocación nació desde niña, al acompañar a su madre, técnica en Enfermería, al hospital. Allí aprendió que servir es ayudar al prójimo y compartir, incluso cuando se tiene poco. Esos principios han guiado cada paso de su vida junto a su fe en Dios, desde sus años más difíciles hasta su actual responsabilidad al frente de uno de los servicios más exigentes del INSN.

Su historia en la medicina no comenzó en los pasillos de un hospital, sino en las calles de Chimbote, donde el esfuerzo era parte de la rutina diaria. Desde muy joven comprendió que alcanzar su sueño de ser doctora implicaba sacrificio. Preparó y vendió cebiche, chicha y pasteles; además de limpiar casas y realizar múltiples oficios para solventar sus estudios, siempre con la convicción de que rendirse no era una opción.

Esfuerzo

El camino no fue sencillo. Proveniente de una familia de escasos recursos, encontró en la educación y la disciplina su mayor fortaleza. Su excelencia académica le permitió estudiar Medicina en la Universidad Privada San Pedro de Chimbote con una beca al ocupar el primer lugar. Paralelamente, destacó en el deporte, acumulando cerca de 80 medallas en disciplinas como karate, atletismo, ciclismo y natación.

Sin embargo, la vida la enfrentó a su mayor prueba. El 2022, su hijo menor con tan solo 7 años fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda. La doctora se alejó temporalmente de su labor para acompañarlo en un proceso difícil. Hoy, su pequeño está recuperado. “Vi el otro lado, por eso es que tal vez soy empática. Cuando te toca a ti como mamá, lo único que te impulsa a seguir adelante con tu niño es el amor y la empatía”, recordó.

A esta experiencia se suma otro desafío reciente en su vida personal: “Me diagnosticaron cáncer de tiroides en enero. En ese mismo mes me operaron. Creo que vamos por buen camino. Ahora mis hijos me dan las fuerzas a mí, pero es producto del ejemplo. Creo que, en la vida, ante las dificultades, no vamos a sentarnos a llorar, sino que siempre hay que salir adelante. Agarra tu cruz y camina”, remarcó.

Pero es en las experiencias personales en que su vocación adquiere mayor profundidad. La enfermedad de su hijo menor marcó un antes y un después. Vivió el sistema de salud desde el lado de la madre: la incertidumbre, el miedo y la necesidad de ser escuchada. Esa vivencia transformó su forma de ejercer la medicina. Hoy, cuando una madre llega angustiada a emergencia, ella no solo ve un caso clínico: reconoce una historia, una familia y una preocupación legítima.

Esa capacidad de comprender desde la experiencia se refleja en su gestión. Ha impulsado mejoras orientadas a humanizar la atención: espacios más acogedores y brindando una atención médica con calidez.

“Ahora ya no solamente veo por un niño, sino por más niños. Hemos remodelado el servicio con dibujos e imágenes de héroes, coordinamos visitas de payasos y realizamos cumpleaños saludables. Queremos que este espacio se sienta como un hogar, un lugar donde el niño no tenga miedo”, explicó.


En el ámbito familiar, la doctora ha acompañado el crecimiento de sus hijos, transmitiéndoles valores como la responsabilidad, la empatía y el compromiso con los demás. Para ella, la coherencia entre lo que se enseña en casa y lo que se practica en el trabajo es fundamental.

Sanar sonrisas

La doctora Márquez Junco ha hecho de la odontología una herramienta para sanar no solo sonrisas, sino también emociones. Cirujana dentista del Servicio de Ortodoncia, tiene su vocación marcada por la calidez, la paciencia y una profunda conexión con sus pequeños pacientes.

Nacida en el Cercado de Lima, su camino en el sector salud comenzó desde muy joven, cuando se desempeñó como técnica de Enfermería en el propio INSN. Aquella experiencia fue clave para definir su rumbo profesional y reafirmar su deseo de servir.

Posteriormente, estudió Odontología en la Universidad de San Martín de Porres, convencida de que su carrera debía integrar no solo conocimientos clínicos, sino también un enfoque humano.

“Me gusta trabajar, me gusta mi carrera, es lo máximo. Tiene todos los ingredientes: doy salud, seguridad y busco que el paciente y su familia se sientan bien”, afirma.

Su afinidad con los niños es evidente en cada consulta. Con creatividad y cercanía, logra convertir el miedo en confianza. “Hay pacientes que ni siquiera quieren entrar al consultorio, se ponen a llorar. Entonces uso juegos y les regalo stickers. Les digo: ‘Este será tu premio, ¿te dejas atender?’. El niño no puede irse llorando, tiene que irse abrazando”, cuenta.

Esa capacidad de conectar con sus pacientes es resultado de la experiencia, pero también de la vocación. Para ella, trabajar con niños y adolescentes exige sensibilidad, compromiso y empatía constante.

“Si trabajamos en una institución como el INSN debemos hacerlo con vocación. Aquí llegan pacientes con diagnósticos complejos y debemos tratarlos con cariño, como si fueran nuestros propios hijos, brindando también soporte emocional a sus padres”, sostiene.

En el plano personal, la doctora encontró otro gran desafío y alegría en la maternidad. Es madre de trillizos: Luis Miguel, Cristina y Gabriel, de 11 años, quienes se han convertido en su mayor motivación.

“Ser madre implica darse tiempo para educar y guiar. Mis hijos entienden mi trabajo. Siempre les enseño que el esfuerzo es importante para salir adelante, sobre todo en lo profesional”, comenta.

En este Día de la Madre, la historia de ambas doctoras resume el verdadero significado de esta fecha: la entrega incondicional.

Alta preparación

La doctora Maura María Márquez Junco cuenta con dos maestrías en Gestión Hospitalaria por la Universidad Nacional Federico Villarreal y en Gestión de los Servicios de Salud por la Universidad San Pedro de Chimbote. Además, cursó un doctorado en Salud Pública en la Universidad Nacional del Callao.

Desde hace siete años se dedica a la formación de nuevas generaciones. Es tutora de cirujanos dentistas residentes de la especialidad de Odontología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV) que llegan al INSN, y docente de Odontopediatría en la Universidad Privada San Juan Bautista.

Por su parte, la doctora Alicia Alcántara de Sotelo forjó su vocación pediátrica desde su internado en el hospital La Caleta de Chimbote. Posteriormente, llegó a Lima, donde realizó su Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (Serums) en Musa, ubicado en La Molina, ganándose el cariño de la comunidad. Luego, trabajó en un policlínico en Ventanilla, en el Callao, donde su dedicación y cercanía con los pacientes la posicionaron rápidamente.

Más adelante, ingresó al Residentado Médico de la Universidad Nacional Federico Villarreal y obtuvo el primer puesto, lo que le permitió especializarse en Pediatría en el INSN.