Central
Periodista
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La memoria entibia nuestra charla y sin pedir permiso penetran los aromas de la cocina de la abuela que logró avivar en él la pasión por nuestra gastronomía. Años más tarde su madre, con la organización de las veladas culinarias en casa, terminó quizá por sellar ese destino que lo colocó a él como protagonista, ya sea en algún platillo o tras la barra de las bebidas espirituosas en casa.
El camino estaba trazado y antes de concluir la escuela ya sabía que este sería su camino. Su madre, con el instinto de protección filial, lo hizo considerar los sacrificios de esta carrera. Pero Rodrigo lo tenía más que decidido. Y así de aplicado alumno se inició como mozo en Don Ignacio Restaurant, donde desarrolló bases sólidas en servicio, estándares de atención y formación de personal. Posteriormente, trabajó como bartender en Hayqa Bar, participando en eventos, desarrollando recetas y gestionando insumos con enfoque en rentabilidad.
Al poco tiempo y con el sacrificio como ingrediente en su vida, llegó el manejo de Loche Peruvian Bistro, donde se consolidó más allá de la cocina y sumó experiencia a su perfil en control de costos y gestión operativa.
Tiempo de emprender
Llegó la pandemia y como muchos no se quedó con los brazos cruzados y el emprendimiento, que es parte de su ADN, lo llevó a pensar qué hacer. Así, se puso en contacto con los proveedores del restaurante. “Así nace Resmadre y recuerdo que vendíamos a restaurantes carnes, pescados, pollo, cerdo. Poco después me enfoqué más en lo cárnico y pusimos nuestra marca en El Pozito. A Kilo, chorizos al Charrúa... me gusta siempre estar dando la pelea”.
Recuerda que después surgió el proyecto para viajar a Canadá, a través de un familiar abogado de inmigración. No obstante, subraya, a esa edad no le prestó mucha atención e esa posibilidad.
“Pasó el tiempo y dijimos nos tenemos que ir. Y nos vinimos a Saint John”, afirma.
Según narra, al llegar comenzó a aplicar a trabajos, pero la respuesta siempre era negativa.
“Y es que todo lo que hayas hecho no vale nada, solo la experiencia canadiense. En cierta forma, pega fuerte. Estás acostumbrado a liderar equipo, pero me tocó trabajar en Tim Hortons, que es una suerte de Dunkin Donuts”, menciona.
“El volumen de ventas es impresionante. Acababa hecho trapo con un audífono en la oreja y tomando órdenes. A veces venían niños y se formaba una cola enorme. Era bien estresante, así estuve un año y 8 meses. Luego me ofrecieron un trabajo como mánager y apliqué: me lo dieron, pero estuve solo un día tras conocer al gerente de operaciones”, recuerda.
“Parece que no le gustó mi apariencia porque todos eran blancos canadienses y me dijo yo te voy a llamar. Al final pasó una semana y nada. Lo contacto para saber cuándo iba y me dijo no vamos a continuar contigo”, nos relata.
Camino de vida
Este golpe, más que hacerlo sentir mal, reafirmó su pensamiento de que si estás con tu familia, nada te pasa. Los tuyos te reconfortan, apunta.
“Duele, pero sabía que era pasajero, que no era para siempre lo que vivía y que mi momento se iba a dar”, indica.
Estuvo dos meses sin trabajo, con la presión de pagar cuentas, por lo que decidió ir a Mocton, la ciudad más grande de la provincia. Allí, recaló en IHOP, donde el gerente de operaciones lo entrevistó y le dijo que el suyo no era el perfil que buscaban para esa posición, aunque había otra para Carrabba’s Italian Grill, un restaurante de la misma cadena.
“Me contrataron y estuve con ellos casi dos años, justo en ese momento obtuve la residencia y ya más establecido me ofrecieron un mejor puesto como gerente de operaciones de una franquicia de comida saludable”, narra.
“Los horarios, ya con dos hijos, comenzaron a jugar un poquito en contra y me rondaba la idea del restaurante. Estaba pasando el carrete de fotos de mi celular y veo una foto que me tomé con Gastón Acurio en La Mar y estaba con mi primo Diego, quien es realtor”, relata.
Cuenta que lo llamó y le expuso el proyecto y él le dijo que estaba interesado y que debía comenzar a buscar local, pues lo iba a financiar para que él se encargue de sacar adelante el proyecto.
“Tras buscar locales adecuados a la propuesta [...] llegó el lugar ideal en el Downtown y de ahí no paramos. Más allá del reconocimiento personal como propietario, el mérito es del equipo que no solo está yendo a cocinar, sino también a representar a un país”, recalca.
“Siento que aquí el lenguaje de la cocina trasciende. Los productos viajan largas distancias, es un viaje de sabores. Y aquí los tratamos como corresponde, con mucho respeto, con técnicas que aprendí y que a lo largo de la experiencia he ido afinando”, subraya.
Certificación
El sello ‘Auténtica Cocina Peruana’ garantiza que un restaurante ofrece platos preparados con insumos y técnicas realmente peruanas.
Rodrigo saca adelante su sueño, pero siente que lo más difícil para él en esta migración fue tener que dejar de ver a sus abuelos, con quienes fue muy cercano. “A mi abuela sí logré verla nuevamente y me hizo un recetario con todas sus preparaciones de Trujillo. Mi abuelo partió y es algo que no lo he superado aún. A veces estoy manejando y digo: “Tito cómo me gustaría que estés acá para mostrarte lo que estamos haciendo”.