• DOMINGO 10
  • de mayo de 2026

Opinión

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Reflexiones

El valor y el impacto de la solidaridad


Editor
Shadia Valdez Tejada

Viceministra de Justicia


La solidaridad es una decisión personal cuyo impacto se multiplica cuando se logra organizar, sostener y proyectar en el tiempo. Por ello, el Código Civil distingue entre asociaciones, comités y fundaciones; y son estas últimas las que, por su naturaleza, se vinculan de manera más directa y sostenida con actividades de asistencia comunal.

Cabe precisar que el Consejo de Supervigilancia de Fundaciones, órgano adscrito al sector Justicia, supervisa el cumplimiento del marco legal y estatutario; así como el adecuado uso del patrimonio, a fin de garantizar que la ayuda llegue y sea administrada con transparencia y eficacia.

En Perú existen 411 fundaciones, las cuales desarrollan iniciativas de carácter religioso, cultural, educativo y de interés social en 22 departamentos del territorio; administran más de 1,300 millones de soles en patrimonio y generan, por aportes de terceros y actividades de autosostenimiento, alrededor de 270 millones de soles al año. Son cifras que, a primera vista, parecen frías; sin embargo, detrás de cada sol invertido hay historias, rostros y oportunidades concretas.

La solidaridad de las fundaciones se materializa en becas, programas de refuerzo educativo, acceso a salud, acompañamiento psicosocial y proyectos culturales que cambian trayectorias de vida.

Sus relatos rara vez ocupan las portadas, pero son más frecuentes en los lugares donde más se necesitan como en las aulas rurales, comedores populares, centros comunitarios, barrios donde cualquier espacio de apoyo puede significar la diferencia entre abandonar un sueño o persistir hasta alcanzarlo.

Por ello, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos considera que visibilizar la solidaridad y las acciones de las fundaciones es también una forma de justicia.

Las fundaciones son aliadas estratégicas del Estado, complementan la atención social, llegan donde las capacidades públicas aún son insuficientes y aportan innovación, cercanía y flexibilidad.

En definitiva, la unión del Estado y la sociedad civil no es aritmética, es multiplicadora. Ello en razón de que las historias de las fundaciones y del Consejo de Supervigilancia de Fundaciones demuestran que la solidaridad se cultiva, nace de la empatía, se fortalece con la organización y florece cuando hay confianza.