• DOMINGO 10
  • de mayo de 2026

País

FOTOGRAFIA

¡Soberana del Altiplano!


Editor
Fernando Chuquipiunta Machaca

Docente de la Institución Educativa secundaria TIM San Francisco de la mina La Rinconada.


Es por esa razón que escribo con ternura para diseñar su figura emblemática. Mi madre Carmen Machaca Condori, conoce muy bien del arte culinario del pueblo histórico de Huancané, también del Centro Musical “Los Chiriwanos” de Huancané, es la celebración de una vida prolongada y fructífera. Un justo homenaje para que se sienta amada, admirada.

Es una mujer generosa, buena, humanísima, adornada por la sencillez y su amor a la alimentación de su pueblo. Sus cálidas manos de esmeralda tienen el sabor de los platos de comida, que degustaron muchos comensales en el restaurante “Granito de oro”, de Huancané.

Por eso, escribo con el corazón en la mano e infinita ternura. Mamacita Carmen: La familia se siente muy orgullosa de tu calidad humana, inteligencia y valores humanos que cultivaste a lo largo de estos años. Mis palabras son pobres frente a tu ternura. Te dedico este poema, titulado Madre, soberana del altiplano. Lo escribí con mucho cariño, poniendo sentimiento en cada palabra.

Es más noble su corazón de azúcar; no es solo el racimo el que endulza sus labios, sino su voz la que destila miel sobre la vida cansada. Bajo la mirada de Dios, dibujo su ternura: mujer de temple antiguo, madre que sostiene el mundo sin decirlo. Cada segundo domingo de mayo, su memoria danza sobre las balsas y, en el vaivén del agua, rinde un canto silencioso a la Mamá Qota.

Su nombre es infinitamente sublime; resuena como el viento en los apus. Desde esas cumbres nacen los cantos de la Pachamama, madre primera de toda existencia. En sus manos florece el pan, en sus pasos germina la tierra y en sus ojos descansa la historia de los hijos del altiplano.

Hoy levanto la voz, no como un saludo pasajero, sino como quien honra la raíz: ¡Madre, soberana del altiplano! Que tu nombre permanezca como el agua, como la tierra, como la vida.

Desde la cima de los apus nacen los cantos de la sagrada Pachamama, nuestra tierra. Por eso, alzo mi voz como quien vuelve al origen para nombrarte: madre de mis huesos.

Espero que estos versos te agraden, porque traducen toda mi ternura y el cariño de un hijo que te quiere y admira. Siempre.