• LUNES 11
  • de mayo de 2026

Cultural

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Suplemento “Variedades”

Alberto Guzmán fue uno de los artistas peruanos con mayor proyección internacional del siglo XX

Editor
José Vadillo Vila

Periodista



Es media mañana en el sótano donde se ubica el Museo del Grabado del Icpna, en Surco. Solo como un astronauta avanzo entre las líneas de acuarela y tinta, entre formas abultadas, cuerpos metálicos, las simetrías, donde Alberto Guzmán (1927-2017) habitó. 

Uno puede aproximarse a su universo siguiendo las coordenadas trazadas por el texto curatorial, de Luis Eduardo Wuffarden, y los textos anexos que acompañan a la muestra. A pesar de que su obra escultórica está presente en espacios de Europa y Sudamérica, las mayorías en el país desconocen su legado.  

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Lenguaje abstracto
Guzmán fue, desde joven, un talento. En 1956 obtuvo la medalla de oro de la Escuela de Bellas Artes de Lima. Dos años después logró el Premio Nacional de Escultura. A inicios de los sesenta llegó a Francia y se integró a la Escuela de París, destacándose en el naciente arte moderno latinoamericano. 

Wuffarden subraya que la promoción de Guzmán fue pionera en introducir “los lenguajes abstractos en el Perú”. El crítico Pierre Restany destacaría otro valor, el del “outsider permanente”, Guzmán participa y toma distancia: “cualesquiera hayan sido las simpatías puntuales (...), nunca se ha adscrito a la ortodoxia formal de las grandes corrientes dominantes que contribuyeron a modelar el perfil del panorama artístico parisino de posguerra: frecuentó, como outsider permanente, a los poscubistas, los surrealistas, los informales, los cinéticos (…), pero siempre figuró en ellas como una pieza añadida, como testigo de una singularidad expresiva”.

En Francia, el artista desarrollaría casi la totalidad de su carrera. La muerte lo encontraría trabajando en la indagación de nuevos materiales en la comuna de Nogent-sur-Marne, en el 2017.

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Obsesión sobre el material
El joven escultor peruano estudiaba los referentes europeos, pero desarrollaba su propio universo creativo a partir de “un dominio poco frecuente de las técnicas de fundición y soldadura metálicas”. 

Wuffarden resalta también su versatilidad para trabajar con distintos materiales, y su labor obsesiva para lograr “el pulido extremo, buscando transparencias que solo eran interrumpidas por hendiduras precisas y tajos geométricos”.

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Muestra de esta época son “Partición”, de 1966, escultura en bronce y fierro, una de sus obras de mayor difusión, conformada por tres cuerpos que parecen dividirse desde sus centros. “Partición desencadenada”, de 1967, obra en hierro soldado que la mente del espectador termina de dar forma, convirtiéndola en esa bella ave construida por una capa de “piel” de pequeñas placas rectangulares, segmentos de barras y círculos de hierro que configuran, desde las entrañas, la tridimensionalidad de su cuerpo. La escultura en bronce, de mediano formato, “Partición” (1965) sigue este camino: es un gran pez de hierro, diseccionado, o en movimiento, hermosamente despigmentado por el paso del tiempo. En “Partición percusión” (1970), escultura el trabajo en bronce cromado, Guzmán se torna más conceptual. 

Este primer escultor es muy distinto con aquel que buscará lo más simple y bruñido, con “Pirámide don espiral”, de 2014, trabajo en bronce con pátina verde. Resulta hermosa y enigmática. Muy cercana, en su concepto a “Doble espiral”, de 1994, un trabajo en mármoles blanco y negro. Aún más sintética y simplificada será “Vuelo nocturno”, una elegante escultura de pequeño formato en bronce patinado y mármol de Carrara.

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Artista de dos mundos
A Guzmán lo definirá su búsqueda de nuevos lenguajes, actitud que mantendrá en sus años de madurez creativa, trabajando con nuevos materiales en los ochenta y noventa, cuando otros artistas solo se acomodan y se reiteran.  El crítico de arte Patrick-Gilles Persin veía bajo su forma de trabajar el volumen y las superficies, a un artista “que se ha instalado intelectualmente entre dos mundos muy diferentes: el Perú y Francia”.

Un escultor de raza
Sobre el joven que inició su camino en los cincuenta, Sebastián Salazar Bondy escribió: “Si bien Guzmán no se define aún –comienza ahora su carrera– y su estilo fluctúa todavía entre los pocos ejemplos que ha podido ver entre nosotros, es notoria su condición de sculpture de race, en quien se unen la vieja tradición peruana y su personal actualidad.”

Décadas después, sobre el artista ya trajinado y admirado, Alfredo Bryce Echenique, anotó: “La transparencia sorprendente que Guzmán logra imponerle, a golpes de perfección, a sus piezas de mármol realmente las infiltra, les incrusta el secreto de su incomparable poder de fascinación. Lo palpable se convierte en algo realmente impalpable gracias a ese don de lo imprevisible que hace que alce también el vuelo nuestro poder de percepción.”

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Pinceles y libertad 
En la amplia mayoría de sus cuadros, prefirió un genérico “Sin título” para sus obras, aquellos trabajos de acuarela y tinta sobre papel, de relieves de cartón; de bronce fundido, etcétera. Como si el mismo hecho de dedicarse tantas horas-hombre a crear frente al lienzo fuera su mayor esfuerzo y dejara a cada espectador el trabajo de poner en su memoria, tras su apropiación, un título a la obra de su preferencia.

Caso distinto sucede con las obras de Guzmán en su escultura. Sí, como si sintiera que ahí toca el hombro a la inmortalidad. Como si sintiera que son sus obras mayores. Ensayo una respuesta: quizá por la huella del padre, pienso: Alberto Guzmán aprendió el oficio del padre, trabajó con él, con el soplete, en los talleres de la desaparecida aerolínea Faucett. 

Sea como sea, el ensayista y traductor francés Jean-Clarence Lambert está seguro que su obra tiene genética peruana. “El exotismo, al fin y al cabo, siempre se define en relación con el viejo hastío europeo, del cual Alberto, inevitablemente, está libre.”

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Sobre la muestra
La exposición “Alberto Guzmán (1927–2017). Obra gráfica, dibujo y escultura”, va hasta el domingo 17 de mayo, en el Museo del Grabado Icpna (Av. Javier Prado Este 4625, Surco). De martes a sábado, de 10:00 a 19:00 horas. Ingreso libre. El jueves 14 se presentará en este mismo espacio el libro Alberto Guzmán. Escultura y obra en papel.


(FIN) JVV/JVV