• MIÉRCOLES 20
  • de mayo de 2026

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Árbitros y abogados: la IA mal usada puede exponer información privada del caso

Experto Carlos Matheus López advierte desafíos de la IA en el arbitraje internacional


Editor
Percy Buendia Quijandría

Periodista

pbuendia@editoraperu.com.pe


El uso de la inteligencia artificial (IA) en los procesos de arbitraje internacional representa una serie de avances, por ejemplo, en la agilización de los procesos, pero también trae consigo diversos desafíos, entre estos, el adecuado manejo de la reserva o confidencialidad respecto a la información sensible vinculada con las partes en controversia. 

El árbitro del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), Carlos Matheus López, afirma que la realidad en el uso de la inteligencia artificial es actual, pero todavía la dogmática en el arbitraje recién está enfrentando y postulando soluciones a los problemas que puedan afectar el debido proceso. 

“Por ejemplo, el tema de la confidencialidad. En el campo del arbitraje significa que solo conocerán la información que se suscita en el interior de las actuaciones arbitrales las partes, los abogados, árbitros y nadie más. Ellos están obligados a que se quede en el espectro ad intra, o sea, en el interior del proceso. Solo los actores de este la conocerán. No pueden salir”, afirma.

Afectaciones
Matheus se formula otra interrogante: ¿Cómo se afecta este tema con la inteligencia artificial? “Se afecta cuando un árbitro utiliza un algoritmo y carga la información privada de contratos, facturas, etcétera, de un caso puntual y no verifica que esa IA no use esos datos para su propio entrenamiento”, refiere.

El árbitro del TAS/CAS recuerda que existen algunos algoritmos que toda la información que se le cargue la usarán también para su propio entrenamiento, con lo cual, si otra persona efectúa una consulta, genera un prompt (pregunta, requerimiento) en el que pide una cosa, la IA podría sacar esa información de lo que se le cargó. 

“Así, vulneramos la confidencialidad, porque están introduciendo información que es privada a un robot, a un algoritmo, que lamentablemente, como no se verificó que no se autoalimente con esa información, lo hace. Y al hacerlo, tristemente, te has cargado la confidencialidad”, advierte. 

Frente a este panorama, Matheus plantea soluciones como usar algoritmos e inteligencias artificiales que sean cerradas, en la cual la empresa que las diseñó, evidentemente, te avale que la información que se cargue no se compartirá ni usará para el entrenamiento del robot.

“En ese caso, tienes un nivel de seguridad. Pero, cuidado, la inteligencia artificial, como digo, se está haciendo, las respuestas se están construyendo. Ahora, podría haber otras soluciones, por ejemplo, el árbitro tiene la opción de evitar cargar información en el robot y solo usarlo de otra manera”, explica.

Por lo tanto, remarca, no se le carga información, pero se le pide que realice un análisis de la jurisprudencia sobre determinado caso; o se le solicita que efectúe una comparativa de las normas convencionales y legislativas; “o que haga una búsqueda dogmática de las categorías que el caso involucra, pongamos, convenio arbitral, contrato de factoring, etcétera”.

“Ahora, si me pide algún tipo de criterio que pueda postular, por ejemplo, estableceríamos una división para la confidencialidad. Si el árbitro solo hace lo último, que usa el algoritmo únicamente como asistente, no comparte ni le carga información, y hay una plena anonimización de los actores, en este caso, se respetará la confidencialidad y, además, el árbitro no tendría que informar nada, porque no generó ningún inconveniente”, asevera. 

En contraposición, expresa, si carga información que es privada en el algoritmo y este lo usa para su propio entrenamiento, ahí cambia la historia. “El árbitro, incluso, debería revelar esta situación para que las partes la sepan y la tomen en consideración, porque en este caso sí está afectando la confidencialidad”, manifiesta.



Preparación
Frente al panorama actual que marca la entrada de la IA en el mundo legal y del arbitraje, Matheus sentenció que todo el ámbito jurídico debe preparase para la utilización de las nuevas tecnologías. “¿Por qué? porque no es el futuro, es el presente. Tienen que hacerlo ahora, ya”, enfatiza.

El especialista alerta que si no se preparan desconocerán los riesgos en el uso de la IA. “Y si desconocen los riesgos pasará, como está sucediendo en países como Estados Unidos, Reino Unido, sobre todo en el primero, que hay multiplicidad de casos de jurisprudencia en los que abogados usaron la IA sin esa preparación que se traduce en contar con una adecuada competencia tecnológica y al no tenerla creyeron en las ‘alucinaciones’ del robot”, recalca. 

“En Norteamérica tienen un código procesal civil federal y normas estatales que repiten un poco la pauta federal. ¿Y qué dicen?, pues que cada abogado es responsable de toda la información fáctica y jurídica que conozca en sus memorándums, en sus escritos. Y la misma norma señala que si esto se vulnera hay sanciones que, incluso, se tramitan ante las barras, es decir, los colegios de abogados”, señala.

Sanciones
Asimismo, existen sanciones económicas que el juez puede imponer. “Para ser simple, tan solo en mi último libro detecté 12 de estos casos, y de hecho hoy debe haber muchos más, tal vez ya estamos en 20 en Estados Unidos”, agrega. 

“En todos esos casos se multó por varios miles de dólares a los abogados e incluso en algunos más graves se pidió a la barra que se inicie un procedimiento para ver si los sacan de esta. ¿Por qué? Por esa competencia que no se tenía. Y sin competencia tecnológica no entiendes los riesgos de la inteligencia artificial y vas a caer en esta ilusión pigmaliónica y en sus manos”, subraya. 

Matheus exhorta a no caer en la ilusión de pensar que el algoritmo razona, porque sería terriblemente peligroso. “Esto es como el mito de Pigmalión.  Acuérdese, Pigmalión genera una estatua y él, de algún modo, proyecta la condición humana a su obra. Eso pasa hoy en día con la inteligencia artificial”.

“Las personas que no entienden cómo funciona la IA, sus riesgos, le están proyectando humanidad a esta creación humana que es la inteligencia artificial. Entonces, este es un asunto fundamental”, puntualiza.


Abogados mayores y jóvenes
Respecto a cómo está cambiando la IA la labor en los bufetes jurídicos, Carlos Matheus señala que, en el caso de los abogados jóvenes, estos tendrán que replantear sus actividades. “A ellos, tradicionalmente, se les encargaba que revisen expedientes de 500 páginas uno, de 1,000 otro; que encuentren medios de prueba que se van a tener que refutar; que busquen jurisprudencia, etcétera”, recuerda. 

Ahora, refiere, el algoritmo lo hace y en una fracción de tiempo de lo que le costaba al abogado joven, con lo cual cambiará su función. “Deberá revisar lo que hace la IA y detectar alguna ‘alucinación’ para corregirla, ver si hay algún sesgo y, sobre todo, ser la mirada honesta que no sobreconfía en el robot”, recalca. 

A los abogados seniors, la IA no es que les quite protagonismo, pues ellos pondrán esa experiencia, ese razonamiento probado en cientos o miles de casos que harán aún más importante su posición y la toma decisiones, anota.


Equilibrio
La IA es una herramienta que cambia un poco las reglas de juego en el ámbito legal, expresa Carlos Matheus. En el pasado, recuerda, solo bufetes internacionales muy grandes y con mucho patrimonio podían manejar megacasos, porque tenían la cantidad de personal y podían darse ese lujo.

“Hoy, la inteligencia artificial le da la misma posibilidad a un bufete boutique, pequeño, porque ya no se necesita todo ese personal, pues el mismo robot del bufete grande lo tiene el pequeño y hará la misma labor. En la historia de la práctica legal, los estudios que antes eran pequeños y no podían competir con los grandes, la IA los equilibra”, afirma.