• MIÉRCOLES 20
  • de mayo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Reflexiones

Cómo entender y convivir sin miedo con la IA


Editor
Ricardo Montero

Periodista


He de admitir que escuchar la sentencia de Latorre en un video que encontré casi al azar en YouTube me provocó un estremecimiento helado al hacerme comprender que si el desarrollo de la tecnología continúa su curso actual, la humanidad está a las puertas de perder el monopolio del pensamiento, un escenario que resulta aterrador.

El físico nos está situando en lo que podría ser una de las más profundas revoluciones en la historia, pues habremos cruzado el umbral de lo que llama el “siglo de la inteligencia no humana”. Así, afirma que el sueño del científico británico Alan Turing de fabricar una máquina capaz de imitar el pensamiento humano ya no es una meta lejana, sino una realidad que nos obliga a reevaluar urgentemente nuestro lugar como especie dominante.

Latorre subraya que las máquinas ya son infinitamente más “inteligentes” que nosotros en campos acotados, pues un algoritmo calcula a velocidades imposibles para un cerebro biológico o analiza millones de datos en segundos. La diferencia es que, hasta ahora, esa inteligencia está fragmentada. Su verdadero salto revolucionario, lo que es el epicentro de la advertencia del español, llegará con la Inteligencia Artificial General (IAG). Latorre sostiene que, a mediados de este siglo, las máquinas no solo harán tareas sueltas, sino que superarán al ser humano en la mayoría de las capacidades intelectuales, desde el razonamiento abstracto hasta la resolución de problemas complejos y la creatividad. De ahí su demoledora frase de que los niños del futuro nacerán siendo menos inteligentes que la IAG.

Pero hay más aún, ya que indica que el punto de quiebre absoluto se producirá cuando la IA adquiera la capacidad de automejorarse, siendo capaz de reescribir su propio código, optimizarse y crear una versión más inteligente de sí misma en cuestión de días u horas, mientras que un ser humano tarda milenios en evolucionar biológicamente.

Para que esta revolución no termine en la sumisión del ser humano, Latorre urge en establecer un “nuevo contrato social”, en el que se establezca la necesidad imperativa de regular la IA mediante lo que denomina “guardarraíles” de seguridad ética, límites que no serán obstáculos al progreso, sino protecciones basadas en la educación y la supervisión constante. En definitiva, afirma que el futuro nos obligará a aprender a convivir bajo un contrato claro que proteja nuestra dignidad ante el imparable avance de los algoritmos.