• VIERNES 22
  • de mayo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Reflexiones

Fentanilo, ketamina y mercados ilegales


Editor
Milton J. Rojas V.

Coordinador de Salud Mental de CEDRO


El estudio confirma que el fentanilo tiene un uso médico legítimo y regulado desde hace décadas en el Perú. Se utiliza en anestesia, manejo del dolor severo y cuidados paliativos. Entre 2020 y 2024 se registraron importantes importaciones de ampollas e insumos destinados a la fabricación farmacéutica local, lo que revela una amplia circulación dentro del sistema sanitario formal. El problema surge cuando parte de ese circuito pierde trazabilidad y supervisión efectiva.

En Lima y Callao se visitaron 578 establecimientos farmacéuticos y puntos de expendio. Aunque el acceso irregular al fentanilo fue focalizado, sí se detectaron casos concretos de venta sin receta médica especial, principalmente en boticas e intermediarios informales. Más preocupante aún: cerca del 87% de los establecimientos visitados no solicitó la receta especial correspondiente.

También recogió testimonios sobre el desvío conocido como “robo hormiga”: pequeñas cantidades sustraídas de hospitales, áreas de enfermería o farmacias cercanas a centros de salud para alimentar circuitos ilegales de venta. Incluso se reportaron referencias a desvíos mayores provenientes de hospitales de provincias. El riesgo parece estar en las grietas del propio sistema formal de distribución y vigilancia.

Otro hallazgo sensible involucra el consumo problemático de fentanilo y otros opioides en algunos sectores de profesionales y técnicos de la salud con acceso ocupacional a estos fármacos, incluidos anestesiólogos, intensivistas, enfermeras y técnicos de enfermería. Reconocer esta vulnerabilidad no implica estigmatizar al personal sanitario, sino admitir que los entornos de alta presión, disponibilidad y escaso monitoreo también generan riesgos silenciosos.

También se evidencia importantes limitaciones institucionales. Funcionarios y especialistas reconocen insuficiente capacidad de supervisión, debilidades informáticas y escasos operativos de pesquisa y decomiso. Aunque el país cuenta con laboratorios capaces de analizar fentanilo, persisten problemas de equipamiento, actualización tecnológica y disponibilidad de personal especializado.

El caso de la ketamina, este medicamento de uso clínico legítimo ya registra dinámicas de desvío hacia mercados recreativos ilegales y es utilizado como insumo en la elaboración del denominado “Tusi”. A ello se suma que el estudio nacional en escolares de Devida (2024) reporta que el 1.1% (22,061) de estudiantes peruanos declaró haber consumido esta sustancia al menos una vez en su vida.

Las drogas sintéticas y las nuevas sustancias psicoactivas ya están presentes en el país. La diferencia es que el Perú todavía tiene margen para actuar antes de enfrentar escenarios más complejos. Las grandes crisis rara vez comienzan de manera abrupta. Primero aparecen pequeñas señales que muchos prefieren ignorar.