Editorial
Fue precisamente esa realidad la que llevó a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a impulsar la declaración del Año Internacional de la Agricultora 2026. La iniciativa busca visibilizar el aporte fundamental de las mujeres a los sistemas agroalimentarios y promover políticas orientadas a cerrar brechas históricas y ampliar sus oportunidades de desarrollo.
En esa misma línea, Perú lanzó recientemente las actividades conmemorativas impulsadas a través del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, incorporando este reconocimiento a la agenda nacional. La decisión adquiere particular importancia en un país donde las mujeres cumplen un papel determinante no solo en la producción agraria, sino también en la preservación de saberes ancestrales y la protección de cultivos tradicionales.
Las cifras evidencian con claridad esa realidad. El país cuenta actualmente con 956,298 agricultoras registradas en el Padrón de Productores Agrarios, lo que representa el 45.54 % del total nacional de productores empadronados. Detrás de esos números existe una inmensa fuerza productiva que diariamente garantiza buena parte de la alimentación de los peruanos.
Precisamente, por el peso que tienen dentro de la actividad agraria, el Estado ha impulsado diversas iniciativas, como la Estrategia de Emprendimiento de la Mujer Rural e Indígena, que desde el 2022 ha beneficiado a más de 9,000 mujeres con una inversión de 87 millones de soles.
A ello se suman los avances del Fondo Agroperú, que ha colocado más de 1,141 millones de soles en créditos para más de 53,000 productoras agropecuarias, así como la entrega de títulos de propiedad agraria, herramienta clave para fortalecer la seguridad jurídica de miles de mujeres del campo.
No obstante los esfuerzos realizados, los desafíos siguen siendo enormes. Muchas agricultoras continúan enfrentando condiciones marcadas por la informalidad, bajos ingresos y limitado acceso a financiamiento, educación, tecnología, mercados y servicios básicos.
Por ello, el lanzamiento de las actividades por el Año Internacional de la Agricultora 2026 representa una oportunidad para colocar en el centro del debate nacional la situación de millones de mujeres y la urgencia de reducir las brechas que aún persisten en el campo. Más aún en un contexto electoral en el que el desarrollo agrario y el fortalecimiento del sector rural deberían formar parte de las prioridades y propuestas que marcarán la agenda del próximo gobierno.