• SÁBADO 23
  • de mayo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Personas comprometidas, gestión eficaz


Editor
Mg. Roxana García Ramírez

Especialista en Gestión Pública y Recursos Humanos


La desmotivación en el sector público no es un problema interno, es una realidad que repercute en la experiencia del ciudadano. Cuando un servidor público trabaja sin reconocimiento, con sobrecarga o en entornos organizacionales poco saludables, su desempeño se resiente. Esto se traduce en demoras, respuestas deficientes y una creciente percepción de ineficiencia estatal.

Según la OCDE (2024), la confianza en las instituciones en América Latina apenas alcanza el 31 %, lo que evidencia una brecha crítica entre el Estado y la ciudadanía. Este indicador refleja no solo problemas estructurales, sino también debilidades en la gestión del talento humano.

Servir (2024) ha reconocido la importancia del clima organizacional para mejorar el desempeño público; sin embargo, el desafío sigue siendo convertir estos lineamientos en prácticas reales. Frederick Herzberg (1968) explicó que la motivación no depende solo del salario, sino del reconocimiento, el logro y las condiciones de trabajo. Ignorar estos factores en el Estado tiene consecuencias directas en la calidad del servicio.

Mark Moore (1995) sostiene que el valor público se genera cuando las instituciones alinean sus capacidades con las expectativas ciudadanas. Pero ese valor no es posible si quienes sostienen el servicio trabajan desmotivados. Daniel Goleman (2020) advierte que sin liderazgo emocional no hay compromiso ni resultados sostenibles.

La desmotivación del servidor público tiene un costo invisible: deteriora la calidad del servicio, debilita la confianza y limita la capacidad del Estado para responder a la ciudadanía. No se trata de justificar fallas, sino de entender que sin personas comprometidas no hay gestión eficaz.

Perú no necesita de más normas, necesita mejores condiciones para que sus servidores trabajen con propósito. Porque el ciudadano no evalúa leyes ni sistemas: evalúa el trato, la respuesta y la experiencia.

Si el Estado no invierte en su gente seguirá pagando el costo más alto: la desconfianza.