Opinión

Cirujano general y docente universitario
El cambio climático modifica múltiples determinantes ambientales de la salud. Alteraciones en la temperatura, en patrones de precipitación y calidad del agua pueden favorecer la aparición y transmisión de enfermedades infecciosas, muchas de las cuales afectan directamente al tracto gastrointestinal.
Diversos estudios han demostrado que los factores climáticos influyen en una proporción significativa de enfermedades infecciosas. Una revisión publicada en Nature Climate Change identificó que más del 58% de enfermedades infecciosas humanas conocidas pueden verse agravadas por riesgos asociados al cambio climático, incluyendo inundaciones, aumento de temperatura y cambios en los ecosistemas.
En el caso de las enfermedades gastrointestinales, los fenómenos climáticos extremos pueden comprometer los sistemas de agua potable y saneamiento. Las inundaciones facilitan la contaminación de fuentes de agua con bacterias, virus y parásitos, aumentando el riesgo de diarrea infecciosa, hepatitis A y otras enfermedades transmitidas por alimentos o agua contaminada.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el cambio climático podría incrementar la incidencia global de enfermedades diarreicas y la transmisión de infecciones. También podría influir en la microbiota intestinal (conjunto de microorganismos que habita el tracto digestivo), que cumple un papel esencial en la digestión, el metabolismo y la regulación del sistema inmunológico. Los cambios ambientales que afectan la dieta, el agua y la exposición a patógenos pueden modificar este equilibrio microbiano y alterar el patrón de enfermedades gastrointestinales.
Otro factor relevante es la contaminación atmosférica. Diversas investigaciones han señalado que la exposición crónica a partículas contaminantes en suspensión (especialmente PM2.5) podría asociarse con mayor riesgo de enfermedades digestivas y con algunos tipos de cáncer gastrointestinal. Una revisión sistemática publicada en Environmental Health Perspectives encontró evidencia de asociaciones entre la exposición a partículas finas y cáncer de esófago, hígado y colorrectal, aunque la evidencia aún requiere mayor confirmación.
El calentamiento de los océanos también puede favorecer la proliferación de bacterias marinas patógenas, como especies del género Vibrio, asociadas a infecciones gastrointestinales vinculadas al consumo de mariscos contaminados.
Los impactos sanitarios del cambio climático tienden a ser más severos en países de ingresos medios y bajos. Factores como la inseguridad alimentaria, la malnutrición, la infraestructura sanitaria limitada y la mayor exposición a patógenos amplifican el riesgo de enfermedades gastrointestinales en estas poblaciones.
Frente a este escenario, resulta fundamental fortalecer las estrategias de prevención y adaptación. Esto incluye mejorar la vigilancia epidemiológica, garantizar el acceso a agua potable segura, reforzar los sistemas de saneamiento y promover prácticas adecuadas de higiene y manipulación de alimentos.
Asimismo, las políticas de salud pública deben incorporar de manera explícita el impacto del cambio climático en la epidemiología de las enfermedades digestivas. Comprender esta relación permitirá anticipar riesgos, orientar mejor las intervenciones sanitarias y proteger de manera más efectiva la salud de la población.