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La adulta mayor elabora trajes a medida para la marinera, el tondero, el festejo, y más expresiones artísticas. Su talento y destreza para hacer bordados a mano, la han posicionado como un emblema de su localidad. Mientras que sus años de experiencia la han forjado como una maestra de la textilería lambayecana, ganándose los corazones de sus vecinos, danzantes y demás clientes.
Su trabajo ha llegado a concursos nacionales e internacionales. Por eso, hace una pausa en su día para recordar con mucho cariño las clases que recibió de su mamá, Selma Reluz González, quien en su momento también absorbió el legado de su abuela.
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“Mi mamita Selma me inculcó este oficio desde muy pequeña. Cuando salía del colegio, nos sentábamos en la calle y combinábamos hilos, haciendo nudos muy bonitos. A los 16 años le ayudaba con blusas, faldas y pañuelos”, recuerda la octogenaria, quien también es usuaria del programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis).
Mientras busca algunas fotografías de hace unas décadas, confiesa que su pasión nace desde muy pequeña y se fue enriqueciendo con las lecciones de su progenitora, quien le dejó grandes consejos, como la importancia de mantener las raíces de Monsefú en las nuevas generaciones.
Esa frase continúa en la mente de Lila y la motiva a seguir participando en los encuentros de saberes productivos que realiza el programa del Midis y el gobierno local, así como en las transmisiones intergeneracionales, donde comparte sus habilidades y conocimientos con estudiantes de diversos distritos.
Además del apoyo de doña Selma, la usuaria de Pensión 65 cuenta que participó en varios cursos del Centro Artesanal Técnico Femenino de Chiclayo. “Todo lo que pasé y aprendí, me permitió ser una mujer luchadora”, agrega la sabia, que cumplirá 84 años el 7 de julio.
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Después de un largo suspiro, sigue abriendo su corazón. “Apoyé a mi mamá, saqué adelante a mis hermanos, hice amigos y tengo clientes que me buscan por mis trajes. Me dediqué tanto que no me comprometí, pero no me arrepiento de cultivar la cultura de mi Monsefú querido. Yo continuaré con mucha fuerza”, concluye Lila, siempre con una sonrisa de esperanza, de aquellas que transmiten resiliencia, sacrificio y mucho optimismo.
Confecciones religiosas
En su hogar y taller, ubicado en la cuadra seis de la calle Mariscal Sucre, doña Lila también confecciona productos para imágenes religiosas, como mantos, sudarios, capas y otros. “Se aprecian mucho por los bordados que hago a mano, con mucha paciencia y dedicación, con aplicaciones que nacen de manera artesanal”, explica Llontop, enseñando algunos trabajos que debe entregar en comunidades aledañas a Monsefú.