• MARTES 26
  • de mayo de 2026

País

FOTOGRAFIA
HISTORIA 7 - PROGRAMA JUNTOS

Fiorela, una madre y un emprendimiento que inspiran en Yurimaguas

Su taller no es solo un espacio de tejido, es el lugar donde nació un emprendimiento que unió tradición, creatividad y la fuerza de una madre que quiso salir adelante con el apoyo del programa Juntos. 

Fiorela Pipa Marichi conoció el crochet en plena pandemia. Buscando nuevas formas de sostener a su familia, descubrió en los tutoriales de internet un mundo que pronto se volvió pasión. Fueron los amigurumis, pequeños muñecos tejidos que nacieron en Japón en el siglo pasado y que simbolizan afecto, compañía y protección. Con paciencia y talento, sus manos aprendieron a mover el gancho hasta dar forma a flores, personajes y criaturas fantásticas. 

Tan bonitos le salían los amigurumis, que la idea de venderlos se caía de madura. Pero había un problema, no tenía capital. 


La oportunidad que cambió su vida

Por aquella época Fiorela ingresó al programa Juntos, del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). Con el acompañamiento de los gestores locales entendió la importancia de que sus pequeños Mauricio (5) y Abdías (2) accedan a los servicios de salud y a la educación. 

Pero también recibió un consejo que cambió su vida. Un gestor de Juntos le recomendó que use parte de los abonos que recibe, para empezar su emprendimiento.

Así pudo comprar hilos de algodón, lana hipoalergénica y los accesorios básicos: ganchos, relleno sintético y agujas. Con esos materiales empezó a dar vida a sus primeras piezas. 

“Cada puntada requiere precisión”, explica Fiorella, tras agregar que el secreto está en el tejido en espiral, una técnica que, con solo aumentar o reducir puntos en el crochet, permite dar forma al muñeco. Así consigue que la cabeza sea redonda, el cuerpo compacto o las orejas simétricas. Es como esculpir, pero con hilos y paciencia. 

Embarcada en el proyecto, la magia se hizo visible muy pronto. Los vecinos empezaron a encargarle ositos para recién nacidos, llaveros de Pokémon para adolescentes o unicornios tejidos para regalar en cumpleaños. Así nació su marca, “Los Amigurumis de Fiorela”, que primero se movió en ferias locales y luego dio el salto a las redes sociales. 

Fiorella cuenta que ya conocía el Marketplace de Facebook, un espacio virtual para vendedores, en donde recibe pedidos de todas partes del país. Gracias a esta plataforma sus ventas se han disparado, especialmente en las fechas festivas como Navidad, San Valentín o el Día de la Madre. 

Un negocio, hecho ternura

El fenómeno de los amigurumis, que en Japón se asocia con la cultura kawaii (estilo que celebra lo tierno, adorable y pequeño, y que tiene como máxima representante a Hello Kitty), encontró en Perú un terreno fértil en manos de mujeres como Fiorela. 

Aquí se han convertido en una alternativa de autoempleo, especialmente en comunidades que apuestan por el trabajo artesanal. En Yurimaguas, Fiorela es ya conocida como la “señora de los amigurumis” y su taller es un punto de encuentro donde la ternura se convierte en negocio. 

Pero más allá de vender, Fiorela sueña con enseñar. Quiere capacitar a otras madres para que el tejido no solo sea arte, sino también una herramienta que contribuya a la economía familiar. Además, tiene planeado ampliar su línea de productos a “flores eternas”, ramos tejidos que nunca se marchitan. 


“Cada amigurumi lleva un pedacito de mí”, dice Fiorela mientras ajusta los últimos puntos de un dragón azul. Quizá por eso sus creaciones parecen tener vida propia; un arte que transmite cariño, ternura y fuerza, como si esperaran a alguien que los abrace. 

En Japón los amigurumis nacieron como símbolos de ternura. En Yurimaguas, Fiorela los transformó en símbolos de resiliencia. Sus muñecos de hilo llevan consigo una lección: la creatividad también puede ser un vehículo para transformar vidas.

Lea también en El Peruano