Editorial
En ese contexto, los resultados registrados por la economía peruana durante el primer trimestre del año envían una señal especialmente positiva sobre la capacidad del país para sostener el crecimiento y mantener expectativas favorables incluso en medio de un proceso electoral.
La inversión privada creció 13.2% entre enero y marzo, y acumuló nueve trimestres consecutivos de expansión, consolidándose como uno de los principales soportes de la recuperación económica y de la demanda interna. En un escenario político marcado por el inicio de la carrera electoral, las cifras muestran que el sector privado mantiene su confianza en el Perú y continúa apostando por las oportunidades de crecimiento que ofrece el país.
Detrás de este resultado confluyen diversos factores. El avance de la inversión minera y no minera ha permitido impulsar proyectos estratégicos de infraestructura, entre ellos la Línea 2 del Metro de Lima y Callao, la Red Vial N.° 6 y las obras vinculadas con el nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, que avanzan de manera sostenida en su ejecución. Se trata de inversiones que no solo movilizan capitales, sino también generan empleos y contribuyen a mejorar la competitividad nacional.
Este crecimiento también se refleja en un mayor movimiento económico. En el primer trimestre la demanda interna aumentó 6.6%, su mayor avance en casi cinco años, impulsada por mejores ingresos y un mayor consumo de las familias. Como resultado de este desempeño, la economía peruana registró una expansión de 3.5% en dicho período, ratificando una trayectoria sostenida de recuperación.
En medio del debate político y de las dos opciones que hoy compiten legítimamente por conducir el país, estas cifras dejan una lección importante: cuando hay confianza y condiciones claras para invertir, la inversión privada crece, se generan empleos y se abren más oportunidades para las familias. Y ese crecimiento se traduce también en una reducción de la pobreza y en una mejor calidad de vida para millones de ciudadanos.
Hoy más que nunca, el Perú necesita certeza y una mirada de largo plazo. Después de años marcados por la incertidumbre y la inestabilidad política, el país necesita consolidar un entorno de predictibilidad que permita seguir atrayendo inversiones. El gran desafío hacia adelante será mantener el rumbo y preservar aquellas condiciones que han permitido que el país recupere dinamismo económico. Esa es la señal que esperan los ciudadanos, los trabajadores y todos los que siguen apostando por el futuro del Perú.