Opinión

Viceministro de Derechos Humanos y Acceso a la Justicia del Minjusdh
El histórico enfoque de recuperación material es insuficiente ante la violencia que destruyó cuerpos, causando una “segunda desaparición”. Miles de familias sufren la pérdida ambigua, como la ha calificado la experta Pauline Boss: la imposibilidad de confirmar la muerte. Así, la participación familiar trasciende lo ético; es la fuente esencial de inteligibilidad técnica. Sin restos físicos, las memorias, relatos y rutas de desplazamiento se convierten en archivos territoriales y formas plausibles de verdad humanitaria.
Tradicionalmente, la gestión por procesos del Estado mide la eficacia según el expediente, generando una rigidez administrativa a menudo confundida con falta de empatía o discriminación institucional. Para un enfoque humanitario sostenible es vital transitar hacia una gestión por resultados. El éxito de una política humanitaria no se mide por “oficios emitidos”, sino por el impacto real en la reducción de la incertidumbre familiar.
Con la Ley N.° 30470 y la Ley N.° 28592, la participación es un derecho que no puede sustituir la responsabilidad técnica, financiera y operativa indelegable del Estado. Pretender que el Estado actúe como mero financista contraviene el principio de no revictimización al trasladar a los familiares una carga operativa indebida. La experticia estatal radica en su deber de oficio: traducir el conocimiento empírico familiar en herramientas de trazabilidad, interoperabilidad forense y reconstrucción histórica, garantizando así el ejercicio del derecho de los ciudadanos a la verdad.
La legitimidad exige que las familias no sean meras observadoras. Sin embargo, asumir que incluirlas se centra en ceder espacios de decisión para validar el enfoque humanitario es un error procedimental. Ellas deben ser actores centrales en la coproducción de memoria y verdad, reconstruyendo, mediante la gestión pública moderna, la confianza entre Estado y población.
La dignidad póstuma no depende solo de recuperar un cuerpo, ni el enfoque humanitario de la sensibilidad del funcionario de turno. Se requiere una arquitectura institucional sólida. Ser humanitario es diseñar un Estado capaz de garantizar el derecho a la verdad para aliviar el dolor de la ambigüedad, brindando respuestas que restituyan la dignidad de quienes llevan años esperando.