Opinión
Lic. en Ciencias de la Información y periodista
Nació en 1922 en Lima. Su padre fue el militar Guillermo Allain Soto y su madre Juanita Cottera Palomino, quien antes de casarse fue novicia en el Monasterio de Santa Clara en Barrios Altos; falleció muy joven, a los 22 años. A pesar de la insistencia de su padre para que postule a la Escuela Militar de Chorrillos, Allain –quien desde niño mostró vocación para el dibujo y la pintura– ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú (hoy universidad), donde uno de sus maestros fue Alejandro Gonzales Trujillo, Apurimak.
Tras graduarse, trabajó como profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes Víctor Morey Peña de Iquitos y en la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco. También viajó a Europa y vivió una temporada en París. Y por supuesto, regresó a vivir a Chiclayo, donde se casó con la dama Yolanda Santisteban Vásquez, fina cantante de música criolla.
En cuanto a su estilo pictórico, Allain siempre se definió como un pintor vinculado con el costumbrismo, bebiendo de las fuentes del indigenismo de José Sabogal. Integró el grupo 8 pintores, junto con Ángel Chávez, Aquiles Ralli, Enrique Galdos Rivas, Fernando Sovero, Gamaniel Palomino, Julio Camino Sánchez y Manuel Zapata Orihuela.
Doña Yolanda Santisteban Vásquez, su esposa, chiclayana de nacimiento y cantante, lo unió más con la ciudad norteña, donde sembró la amistad de artistas como el centenario escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes, Nixa. Sabida es la gran vinculación con la música criolla y su amistad con músicos y poetas.
En Chiclayo vivió cerca a la Esquina del movimiento, en la avenida Siete de Enero, antes llamada la Esquina del hambre. Allí conoció al gran compositor criollo ferreñafano Abelardo Takahashi Núñez, más conocido como Abelardo Núñez, su compadre espiritual.
Tuvo una gran cercanía con los artistas Juan Manuel Ugarte Eléspuru, Teodoro Núñez Ureta, Enrique Camino Brent, Víctor Humareda, Sérvulo Gutiérrez y el novelista Manuel Scorza. Siempre recordaba a Manuel Acosta Ojeda, Pablo Casas Padilla y a Lorenzo Humberto Sotomayor, todos ellos seguidores y con grandes influencias de Felipe Pinglo, el bardo inmortal criollo.
Como artista, se mantuvo alejado de las corrientes de pintura abstracta que estaban en boga en su juventud y siempre optó por lo nuestro. Allain es, sin duda, uno de los artistas contemporáneos más destacados porque ha marcado una época, un estilo, una pasión, una tendencia a querer a la patria, a optar por nuestra tierra, a extraer belleza del barro del que estamos hechos y a plasmar un sueño: “pintar al Perú y a los peruanos”.