Opinión
Exembajador del Perú en China, Japón y Singapur
El planeamiento estratégico del uso de las fortalezas en torno a sus estructuras nacionales; y, la puesta en práctica de una política exterior amplia y equilibrada, constituyen el marco político propicio para la ejecución de acciones en favor de su proyecto-país. La identificación de oportunidades y desafíos, así como la definición de prioridades y metas, configuran espacios que sustentan la agenda nacional y global.
Desde esa perspectiva, es importante la formulación de proyectos que conjuguen los intereses nacionales de manera integral con los propósitos de política exterior, de tal forma que permitan la adecuación de las estrategias sectoriales a la dinámica global. Es decir, que generen escenarios acordes con sus intereses, en vez de adecuarse a espacios que respondan a intereses de terceros. En ese sentido, los objetivos del planeamiento formulado por los distintos sectores nacionales deberían ser complementarios.
En este contexto, las acciones en torno al tema de la seguridad y defensa nacional ofrecen oportunidades para una cooperación mutua. La formulación de proyectos de interdependencia en este campo hace posible la conformación de alianzas estratégicas que facilitan la transferencia de tecnologías y la formación de capacidades, favoreciendo la confianza mutua internacional y la integración. Es importante el fomento de un diálogo en ese sentido, que refuerce el entendimiento mutuo para fines de un desarrollo compartido.
La cooperación en materia de defensa constituye una herramienta efectiva en lo bilateral y multilateral, que tiene como propósito crear las condiciones apropiadas para garantizar la seguridad y la confianza mutua. Al respecto, la denominada “Diplomacia de Defensa”, tal como la define la revista especializada Seguridad y Defensa, representa un concepto que busca consolidar el desarrollo y la seguridad regionales. Su conceptualización en las actuales circunstancias trasciende su formulación inicial como una voluntad para morigerar las consecuencias de la guerra fría, luego de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy en día, a la luz de los avances del proceso de globalización, el concepto de Diplomacia de Defensa ha sido en la práctica reformulado por las políticas y objetivos globales acordados en las metas del desarrollo, para incluir medidas como transferencia de conocimientos y experiencias.
Más aún, las iniciativas de cooperación en el desarrollo de capacidades militares responden por ello a las necesidades de desarrollo a largo plazo y a las de la seguridad global. La cooperación en materia de defensa no debe constituir ahora la reafirmación de una dependencia mediante tan solo el suministro de equipos y programas militares, sino que debería representar un vehículo para el intercambio tecnológico y la generación de empleo e ingresos.
El concepto de seguridad internacional no puede ser utilizado como marco para reafirmar áreas de influencia, sino como un medio para la expansión de las oportunidades de crecimiento en áreas convergentes, como serían las telecomunicaciones, energía, industria aeroespacial, manufactura de equipos y bienes, infraestructura, etc.
Un ejemplo que merece resaltarse es el de Corea del Sur, cuya ventaja competitiva en términos de tecnología avanzada en la construcción de aviones, barcos, cibernética, energía, equipos digitales, entre otros sectores, le ha permitido avanzar tratativas de cooperación en seguridad con un alto contenido de programas de cooperación para el desarrollo, generando sinergias que favorecen a los países receptores. Este planteamiento integra sus programas de cooperación en materia de defensa con su capacidad para generar beneficios en términos de formación de cuadros especializados, tecnologías nativas e ingresos. Al expandir el espectro de su cooperación en materia económica y de defensa, los programas implementados por Corea del Sur ofrecen a los países receptores la oportunidad de iniciar un planeamiento estratégico un desarrollo inclusivo moderno y con alcances de carácter regional.
En el caso específico del Perú, la cooperación en defensa ofrecida por Corea del Sur permitió la instalación de una planta de ensamblaje de aviones KT-1, así como de un centro de entrenamiento, con un espectro regional, así como la modernización de la infraestructura naval para la reparación de equipos y naves. En un sector concurrente, como sería el desarrollo tecnológico, el planteamiento de un corredor tecnológico en el sur del país podría permitir un avance fundamental en materia de investigación y desarrollo. La ejecución de estos programas debería posibilitar la especialización del personal calificado y la creación de centros de expansión tecnológica a escala nacional, lo que coadyuvará en los propósitos de reforzar la confianza mutua regional. El aporte de Corea del Sur permitirá al Perú avanzar en su desarrollo tecnológico, al mismo tiempo que mejorar los alcances de los escenarios de interdependencia económica y de buena vecindad.