• MARTES 2
  • de junio de 2026

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Programa juntos

“Dos corazones, un taller y el triunfo del esfuerzo compartido”

Conoce la historia de los esposos Ubaldina Huallpa Anccana (37) y Ronald Meza Sumari (38).

Los esposos Ubaldina Huallpa Anccana (37) y Ronald Meza Sumari (38) llegaron a Lima en busca de oportunidades y, aunque el camino ha sido duro, hoy levantan un negocio familiar lleno de sueños, resiliencia y esperanza. 


Cuando dejaron su natal Ayacucho, la intención era hallar un futuro con más oportunidades. Lo que no imaginaron fue que su vida cambiaría de manera radical. No solo tuvieron a su primera hija, la pequeña Mia Yareli, también, entre hilos y costuras, construyeron un taller que lleva el sello de su esfuerzo compartido.

La pandemia fue el punto de quiebre. Ronald perdió el trabajo en un taller de mochilas, empleo que consiguió tras años de aprendizaje en el negocio familiar. 

Había empezado desde abajo. Él cortaba piezas, remallaba costuras, ayudaba en lo que podía. Con paciencia aprendió todo el proceso hasta dominar la confección completa de mochilas y distintos accesorios. El despido, sin embargo, lo dejó en una situación económica muy difícil. 
Una decisión acertada 

Fue entonces que, con los pocos ahorros que tenían, Ronald y Ubaldina tomaron una decisión arriesgada, compraron máquinas y telas para abrir su propio taller. 

Así, en medio de la emergencia sanitaria del 2020, nació un emprendimiento que comenzó con mascarillas y ropa de bioseguridad, para luego encontrar su verdadera vocación: dedicarse a confeccionar mochilas, carteras, morrales y cartucheras. 

El negocio funciona en su propia casa, ubicada en el pasaje Cuzco, en Villa María del Triunfo. Las máquinas de coser comparten espacio con estantes de telas, rollos de cinta, herramientas y cierres. No hay sitio de sobra, pero todo está ordenado al milímetro. En un rincón, sobre una manta y entre juguetes, descansa la pequeña Mia Yareli, que crece al ritmo de las agujas. 

Ubaldina es de carácter reservado, de mirada serena y manos finas que esconden una gran habilidad. Ronald es más extrovertido e inquieto, siempre anda de un lado a otro, organizando piezas o corrigiendo costuras. Él, fue quien le enseñó a su esposa todo lo que sabe del oficio y juntos aprendieron a confeccionar mochilas con precisión. 

Una sola mochila puede requerir hasta doce piezas distintas como espaldar, fuelles, asas, bolsillos, forros y bases reforzadas. Dependiendo del modelo, el precio mínimo es de 20 soles y en semanas de buena demanda llegan a confeccionar hasta 30 mochilas. 

Un camino de esperanza y éxito

Su andar, sin embargo, no ha sido sencillo. La irregularidad de los pedidos muchas veces los puso contra las cuerdas. Fue en medio de esa incertidumbre que, en agosto de 2024, la familia ingresó al programa Juntos, una luz de alivio que les permitió cubrir lo esencial para su bebé y sostener su taller en marcha.

“Con los abonos que recibo cada dos meses, compro vitaminas y leche para mi hija, y también algunos materiales cuando estamos en temporada baja. Es un alivio, porque nos ha permitido seguir a flote”, explica Ubaldina con gratitud. 

Detalla que parte del dinero también se destina a insumos como cierres, cintas, esponjas o corcho para el acolchado, telas de calidad y forros resistentes. Estos materiales, transformados en sus tres máquinas industriales rectas, se convierten en mochilas duraderas que llegan a ferias locales y a clientes que valoran el trabajo artesanal. 

Además, para asegurar ingresos, también realizan confección por encargo para una empresa que paga por unidad. “Nos dan 6 soles por mochila, complementando lo que vendemos directamente”, comenta Ronald. Y cuando hay temporada alta, una vecina del barrio se suma como apoyo, mostrando que su taller también puede ser un motor de empleo comunitario. 


A pesar de las dificultades, Ubaldina no pierde de vista sus metas. Se imagina en cinco años con un taller grande, más máquinas y un equipo de trabajo que le permita producir a gran escala. Ronald comparte la visión: “Queremos que nuestro negocio crezca y que podamos dar empleo a otros en la comunidad. Nuestra hija crecerá viendo que con esfuerzo todo se puede lograr”. 

Mientras lo dice, Ubaldina cose en silencio, con esa mezcla de calma y firmeza que transmite su carácter. Cada puntada que da no solo cierra una mochila, sino que asegura también la continuidad de un sueño que nació en plena crisis, pero que hoy se sostiene gracias al esfuerzo familiar y al acompañamiento del programa Juntos. 

La historia de Ubaldina y Ronald es también la de muchas familias peruanas que, frente a la adversidad, apuestan por emprender. Pero en su caso, el trabajo tiene un valor añadido, pues no solo producen mochilas resistentes, sino que cargan en ellas el peso de la esperanza, la resiliencia y la certeza de que un futuro mejor es posible.

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