• JUEVES 4
  • de junio de 2026

Editorial

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Rumbo a la OCDE

“[...] resulta pertinente que el proceso de adhesión sea asumido como una política de Estado y cuente con el respaldo de las futuras administraciones.”

La eventual incorporación de nuestro país a este organismo no debe entenderse únicamente como la obtención de un sello internacional de prestigio. Se trata, sobre todo, de una oportunidad para consolidar reformas orientadas a fortalecer las instituciones, mejorar la calidad de los servicios públicos, promover una gestión más eficiente de los recursos y elevar los estándares de transparencia e integridad en la administración pública.

La experiencia de los países miembros demuestra que la OCDE funciona como un espacio de cooperación, intercambio de buenas prácticas y evaluación permanente de políticas públicas. Por ello, el proceso de adhesión exige al Perú avanzar en múltiples ámbitos vinculados con la gobernanza, la competitividad, la sostenibilidad ambiental, la educación, la innovación y la inclusión social.

Resulta significativo que, pese a los cambios políticos registrados en los últimos años, el país haya mantenido una línea de trabajo continua en esta materia. Esa continuidad evidencia que existen objetivos nacionales capaces de convocar consensos y de proyectarse más allá de los ciclos gubernamentales.

La adhesión a la OCDE representa también una señal de confianza hacia la comunidad internacional. En un contexto global marcado por la incertidumbre económica y las tensiones geopolíticas, demostrar compromiso con reglas claras, instituciones sólidas y políticas públicas basadas en evidencia contribuye a fortalecer la imagen del Perú como un socio confiable para la inversión, el comercio y la cooperación internacional.

No obstante, el desafío no concluye con el cumplimiento de una hoja de ruta ni con la eventual incorporación formal al organismo. El verdadero reto consiste en traducir los estándares promovidos por la OCDE en mejoras concretas para la vida de los ciudadanos.

La modernización del Estado, la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento de los servicios públicos y la reducción de las brechas sociales deben seguir siendo objetivos permanentes. Por ello, resulta pertinente que el proceso de adhesión sea asumido como una política de Estado y cuente con el respaldo de las futuras administraciones.

Más que una meta de corto plazo, constituye una oportunidad para impulsar transformaciones duraderas que contribuyan al desarrollo sostenible y al bienestar de todos los peruanos. El reconocimiento alcanzado hasta ahora es motivo de satisfacción, pero también de responsabilidad. Mantener el rumbo permitirá que el Perú continúe acercándose a los más altos estándares internacionales y consolide las bases de un crecimiento más sólido, inclusivo y sostenible.