• VIERNES 5
  • de junio de 2026

Opinión

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El avance silencioso de la obesidad

La acumulación exagerada de grasa es dañina para la salud, pero este riesgo no se conocía hace 70 años.


Editor
Jorge de la Cruz Oré

Médico internista. Profesor de la Facultad de Medicina Humana. Universidad de Piura


La obesidad, por otro lado, se considera una enfermedad de muy alta prevalencia. Actualmente, en el Perú, afecta a 1 de cada 4 adultos (25% de los que hay en el país). Si consideramos a las personas con sobrepeso u obesidad, llegamos a la enorme prevalencia del 70% de los adultos peruanos.

El sobrepeso y la obesidad se deben a una acumulación excesiva de grasa. Hoy en día se sabe que esta acumulación exagerada es dañina para la salud, pero este riesgo no se conocía hace 70 años.

El cuerpo de todas las personas está adaptado para vivir en un medio con escasez de alimentos; por eso, es tan eficiente para almacenar el exceso de energía consumido en las comidas de cada día. Este exceso se guarda en forma de grasas dentro de los adipocitos (células que forman el tejido graso).

Los adipocitos cumplen tres funciones bien reconocidas: guardar energía, producir algunas hormonas y controlar la sensibilidad a la insulina. Cuando una de estas se altera, se producen las enfermedades asociadas a la obesidad.

Revisemos cada una de ellas.

Guardar energía para utilizarla después es fundamental para la vida. Cada persona trae, en los genes, una programación para la capacidad máxima de grasa que puede almacenar de manera saludable. Cuando se sobrepasa esta capacidad máxima, la grasa empieza a acumularse en otros órganos, lo que equivale a decir que el cuerpo “obliga” a otras células a almacenar grasa. Dos de los lugares principalmente afectados por este depósito de grasa son el hígado y los músculos.

El tejido graso es capaz de producir varias hormonas importantes para su autorregulación. Una de ellas se llama leptina y sirve para comunicarle al cerebro que ya no necesitamos más alimento. La producción de la leptina aumenta cuando se incrementa el tejido graso y disminuye cuando este se reduce. El problema surge cuando una persona tiene niveles elevados de leptina por mucho tiempo de manera continua, a consecuencia del sobrepeso u obesidad. En este estado, el cerebro se acostumbra a esos niveles altos de leptina y deja de obedecer a las órdenes de saciedad. Es decir, en sobrepeso u obesidad, la leptina elevada no es capaz de producir saciedad de manera adecuada.

La acumulación de grasa en los músculos y el hígado hacen que estos órganos se vuelvan resistentes a la acción de la insulina; es decir, uno se vuelve propenso a desarrollar diabetes mellitus tipo 2, el tipo de diabetes mellitus más prevalente en el mundo. Además de esto, la acumulación excesiva de grasa en el hígado produce un estado de inflamación y destrucción lentas de las células de este órgano que, tras varios años, puede destruirlo por completo y desencadenar en una cirrosis hepática. Esta es la causa más frecuente de cirrosis en la actualidad.

Hoy se reconoce que la obesidad es también una enfermedad inflamatoria, debido a que los adipocitos con exceso de grasa promueven la producción de sustancias que activan al sistema inmune (de defensas) de una manera inadecuada. Esta inflamación crónica acelera la aparición de ateroesclerosis (acumulación de placa de colesterol en las arterias) y el consiguiente desenlace en infartos de corazón, cerebro y otros órganos.

No se puede dejar de mencionar la microbiota intestinal (las bacterias que viven naturalmente dentro de nuestros intestinos), cuyo equilibrio juega un papel importante en la regulación del peso corporal y la obesidad. Actualmente, se reconoce que la alteración de esta microbiota es un factor generador de sobrepeso y obesidad. Entre las causas del desequilibrio de estas bacterias están el consumo frecuente de antibióticos y de comida no saludable.

La microbiota se adquiere a muy temprana edad desde el entorno familiar. Una microbiota alterada de padres obesos se puede transmitir a los hijos, aumentando el riesgo de desarrollar obesidad y sus complicaciones en la vida futura de la descendencia.

Se proyecta que, en el futuro, la prevalencia de sobrepeso y obesidad será cada vez mayor. Sin embargo, se está trabajando arduamente para investigar las causas y posibles tratamientos, aunque hasta ahora los resultados son parciales y poco satisfactorios.