Editorial
“La jornada de ayer debe marcar el cierre de una etapa electoral intensa y el inicio de una nueva fase orientada a enfrentar los desafíos del país.”
La segunda vuelta presidencial celebrada ayer ha sido, precisamente, una nueva expresión de ese compromiso democrático. Millones de peruanos acudieron a las urnas para decidir quién asumirá la conducción del Estado durante los próximos cinco años, en una jornada que se desarrolló, en términos generales, en un ambiente de orden, tranquilidad y amplia participación ciudadana.
Los incidentes aislados reportados durante el proceso no alteraron el normal desarrollo de la votación. La respuesta de los ciudadanos volvió a poner de manifiesto una convicción profundamente arraigada en nuestra vida republicana: que las diferencias políticas encuentran su cauce legítimo en las urnas.
Los datos registrados reflejan la capacidad de organización y compromiso cívico. Resulta particularmente destacable que, de acuerdo con información de la ONPE, el 100% de las 90,223 mesas de sufragio previstas se hayan instalado a las 11:35 horas, antes del plazo legal fijado para el mediodía.
Particular significado adquiere también el esfuerzo de los miles de ciudadanos que asumieron la responsabilidad de integrar las mesas de sufragio. El hecho de que la primera mesa fuera instalada antes de las seis de la mañana en la región San Martín simboliza el compromiso silencioso de hombres y mujeres que, lejos de los reflectores, hacen posible el funcionamiento de la democracia.
Corresponde igualmente reconocer la labor de las diferentes instituciones. El Jurado Nacional de Elecciones, la ONPE, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría, los observadores, personeros y miembros de mesa contribuyeron, desde sus respectivas funciones, al adecuado desarrollo de la jornada.
Lo siguiente ahora es que todas las fuerzas políticas actúen con la responsabilidad y madurez que exige este momento. Dirigentes, candidatos, militantes y ciudadanía deben esperar el pronunciamiento oficial y respetar los resultados que emerjan del escrutinio. Reconocer a quien ganó los comicios no solo significa acatar el veredicto de las urnas, sino demostrar un genuino compromiso con la democracia.
El Perú necesita culminar este proceso con serenidad y confianza en sus instituciones. La jornada de ayer debe marcar el cierre de una etapa electoral intensa y el inicio de una nueva fase orientada a enfrentar los desafíos del país. Más allá de las diferencias políticas, el Perú demanda acuerdos, estabilidad y una renovada confianza en el futuro. Ese es el reto que comienza a partir de hoy.