Multilateral analiza efectos causados por la coyuntura global
De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las proyecciones de crecimiento para América Latina y el Caribe se han mantenido constantes pese a los diversos impactos económicos.
“El conflicto que involucra a Irán es un claro ejemplo. Lo que comenzó como un conflicto geopolítico se ha convertido en una perturbación de oferta de múltiples dimensiones. Los precios de la energía están aumentando. Las cadenas de suministro se están ajustando. Los mercados de fertilizantes están bajo presión.
Estas fuerzas avanzan simultáneamente, afectando la inflación, el crecimiento y los balances externos de los países”, precisó el organismo multilateral.
Los mercados laborales también se han sostenido con un desempleo cercano al 6%, el nivel más bajo en más de una década.
“El ánimo de los inversionistas también se ha mantenido relativamente estable, con diferenciales soberanos de alrededor de 219 puntos básicos para la economía mediana por debajo de los niveles previos a este episodio”, refirió.
De acuerdo con el BID, la región también enfrentó este escenario con amortiguadores reales. Alrededor del 60% de la generación de electricidad en América Latina y el Caribe proviene de fuentes renovables, aproximadamente el doble del promedio mundial. “Esto ayuda a reducir la exposición directa a las variaciones en los precios del petróleo”, precisó la entidad.
Sin embargo, la resiliencia no implica inmunidad. Según el BID, este impacto es significativo y puede prolongarse en el tiempo. “Inclusive, cuando el efecto inmediato ha sido manejable, un entorno global más débil podría empezar a afectar gradualmente a la región”.
Los niveles de deuda siguen siendo elevados, los costos de financiamiento han aumentado y la incertidumbre continúa presionando las condiciones financieras. “A esto se suma que la región entra en este período con un crecimiento de largo plazo débil de alrededor del 1% anual, en promedio, durante la última década”.
Prioridades
Para el organismo multilateral, las decisiones de política que se tomen ahora determinarán cómo se absorbe este impacto a nivel macroeconómico y en qué medida puede afectar a los más vulnerables.
“La respuesta política debe ser temporal, focalizada y fiscalmente responsable para proteger el crecimiento, apoyar la seguridad económica y fortalecer la resiliencia”, refirió.
En ese sentido, el BID destaca tres prioridades de política:
• Proteger a los hogares pobres y vulnerables. La respuesta debe basarse en apoyos focalizados. Proteger a los hogares pobres y vulnerables es la prioridad. Los sistemas de transferencias monetarias bien diseñados pueden ampliarse rápidamente para llegar a aquellos más afectados. Los estabilizadores automáticos, como el seguro de desempleo, también pueden desempeñar un papel importante para mitigar el impacto.
• Mantener la disciplina bajo presión. Este impacto es demasiado significativo para que los presupuestos públicos lo absorban por sí solos. “Frente a la presión por actuar con rapidez, el principio rector debe ser claro: no hacer daño. El desafío consiste en alcanzar una combinación de políticas que permita estabilizar el presente sin comprometer el futuro”, refirió el BID.
• Respuesta estructural: diversificar y fortalecer la oferta. Este no es un evento aislado. Las disrupciones globales resultan ser cada vez más frecuentes, más complejas e interconectadas. Reducir la vulnerabilidad requiere más que medidas temporales. Exige acciones estructurales para diversificar la oferta, asegurar insumos clave y fortalecer la capacidad de la región para responder a futuras perturbaciones.
Precios de los alimentos
De acuerdo con el BID, para los hogares de bajos ingresos los precios de los alimentos representan un riesgo importante.
“Los alimentos constituyen una gran proporción de su gasto, por lo que el aumento de precios puede erosionar rápidamente su poder adquisitivo y empujar a más familias hacia la pobreza, con incrementos de entre 0.3 y 0.8 puntos porcentuales”, refirió la entidad.
Precisó que a medida que aumentan los precios de la energía y los fertilizantes, los precios de los alimentos tienden a seguirlos; a menudo se acumulan con el tiempo y con un rezago de hasta un año.
Detalló que el gas natural, que se mueve estrechamente con los precios del petróleo, es el principal insumo para producir fertilizantes nitrogenados, por lo que un aumento en los precios de la energía rápidamente se traduce en una presión sobre la producción de alimentos.
“Este efecto es particularmente intenso en las economías más dependientes de las importaciones. De hecho, ya se refleja en el aumento de la inflación alimentaria en gran parte de la región, con excepción de los países del Cono Sur, que son importantes productores de alimentos”, puntualizó.
Datos
- Según el BID, las fluctuaciones en los precios de los fertilizantes por sí solas pueden reducir el crecimiento hasta en 0.16 puntos porcentuales y aumentar la inflación en alrededor de 0.3 puntos porcentuales.
- Los países necesitan diversificar sus fuentes de energía, ampliar la producción local y regional de fertilizantes, mejorar la logística y fortalecer la infraestructura comercial. Estas medidas reducirían la exposición a disrupciones externas y ayudarían a mantener la producción cuando los mercados globales enfrenten tensiones.
- En el 2024 y 2025, el crecimiento económico de América Latina y el Caribe se situó en torno al 2.5% en línea con los niveles previos a la pandemia.
De acuerdo con el organismo multilateral, aunque la mayoría de las economías registraron tasas de crecimiento positivas y superaron, a menudo, las previsiones iniciales, el crecimiento regional se mantuvo dentro de límites discretos.