Opinión
Periodista y Magíster en Gestión Pública
Por esos días, las propuestas pasaron desde crear un ministerio con buen presupuesto y capacidad real de articular a los organismos e instituciones vinculados a este quehacer hasta las más prácticas: cambiarle el letrero a Concytec y seguir tal como está.
Quienes proponen un ministerio argumentan desde la experiencia. Muchas de las decisiones en políticas públicas en CTI, al menos en los últimos años, han tenido que pasar por la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) u otros sectores para ser aprobadas por el Ejecutivo. Los vaivenes políticos, de los que ningún sector ha estado exento, han retrasado decisiones y demostrado que estar adscrito a la PCM no garantiza prioridad. Por eso piden una participación directa en la gran mesa de reuniones de Palacio.
Los que están en contra advierten del peligro de politizar la institución y perder el manejo independiente de los fondos públicos destinados a la investigación. Recuerdan que por eso se creó Prociencia como organismo que garantiza la entrega de recursos, vía concurso, de manera técnica y con prioridades nacionales bien claras. Algunos incluso hablan de darle autonomía a Concytec como solución.
Hay un punto medio. Crear el ministerio, sí, pero siempre con un organismo independiente que garantice la entrega de recursos del Estado.
La experiencia internacional ofrece varias visiones. Brasil, Chile, Colombia y México cuentan con ministerios, pues se trata de sistemas en proceso de maduración, como el nuestro. En cambio, en sistemas dinámicos y de gran inversión, la CTI está integrada a la educación, industria, innovación o desarrollo económico. No hay una sola fórmula institucional. Lo que sí parece indispensable es que la CTI tenga un rango político alto, presupuesto suficiente, capacidad de coordinación y continuidad más allá de los cambios de gobierno.
Con estas experiencias, resulta evidente que el Perú necesita fortalecer su Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. La estructura actual del ente rector quizá ya no sea suficiente para responder a desafíos como la inteligencia artificial y la transformación productiva. Pero también es cierto que cualquier reforma debe garantizar el uso correcto de los fondos públicos, evitar duplicidades y proteger la evaluación técnica de los proyectos.
Como me dijo un gran investigador peruano, la ciencia peruana ha estado tan abandonada por décadas que no puede darse el lujo de rechazar cualquier decisión, siempre que implique mejorar lo existente, pues la ciencia nos va a hacer un país más desarrollado.