Opinión
Comunicadora social y escritora
Sentí entre enojo y ternura, y le repliqué que ella no necesitaba ponerse nada en su cara. Le recordé que solo tiene 13 años y que, a su edad, su piel es oro puro. También le recordé que su belleza está justamente en la naturalidad de su rostro, y que no necesita ningún producto para tapar ninguna imperfección porque no hace falta; no hay imperfecciones. Le pedí que, si quería cuidarse la cara, usara bloqueador y nada más, pero que no siguiera untándose la cara con maquillaje y cremas que a su edad son absolutamente innecesarias.
Sin embargo, ella no es un caso aislado, y eso es lo más preocupante. Últimamente hay una ola de niñas de entre 10 y 13 años que empezaron a usar maquillaje y productos de skin care como parte de su rutina diaria en respuesta al bombardeo publicitario que viene mayoritariamente de gente torpe mal llamada influencers que empuja a niñas pequeñas a sentirse feas, inseguras y con imperfecciones que deben esconder. Puedo estar equivocada, pero siento que hay toda una maquinaria para adoctrinar a las mujeres desde pequeñas a que tomen una posición de constante insatisfacción en relación con su cuerpo y con ellas en general para que, a través de elementos comerciales que las grandes o pequeñas marcas venden, ellas compren las “soluciones para sus problemas”. Sin embargo, no hay defectos reales; es mentira, juegan con la autoestima de las mujeres desde muy chicas. Es sentido lógico básico: ¿qué imperfecciones puede tener una niña de 10 años? Y de tenerlas, ¿para qué queremos niñas de 10-13 años maquilladas aparentando más edad? ¿Por qué la sociedad quiere esconder la realidad y taparla con polvo y colores de fantasía? ¿Qué le estamos enseñando a las mujeres? ¿Por qué las madres y los padres lo permiten?
Es fundamental que los padres asuman su responsabilidad y no permitan que sus hijas quemen etapas y vayan por la vida adelantándose como si esta fuera una carrera de velocidad. Ya basta de seguir aupando la estupidez supina de quienes por recibir dinero de marcas comerciales están ensuciando la cabeza de niñas inocentes que quieren —desde su inocencia— imitar tremenda estulticia, pensando que, de esta manera, se parecen a esos ídolos de barro que inundan las redes sociales. Como corolario, me quedo con las palabras de Tom Robbins: “Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz”.