• MARTES 16
  • de junio de 2026

Opinión

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Educación inicial en transformación


Editor
Carmen María Sandoval Figueroa

Directora de la carrera de Educación Inicial PUCP


Actualmente, las preocupaciones incluyen calidad de los aprendizajes infantiles, la formación inicial y continua de docentes, la reducción de brechas de atención de las poblaciones infantiles rurales o con condiciones asociadas a discapacidad, el trabajo con la multiplicidad de configuraciones familiares, así como la atención a la diversidad y la inclusión en la primera infancia.

El informe Education and Skills in Peru (OCDE, 2026), nos brinda un escenario complejo a propósito de estos temas, al evidenciar que las trayectorias educativas en el Perú continúan marcadas por desigualdades sociales, territoriales y de género. En este contexto, las brechas educativas comienzan desde muy temprano por la falta de oportunidades y la desigualdad, incluso antes de que las infancias inicien la escuela primaria.

En complemento a lo anterior, el Informe Mundial sobre Atención y Educación de la Primera Infancia: el derecho a una base sólida (UNESCO - UNICEF, 2025) fundamenta la educación inicial como un derecho, dado que los primeros años en la vida de las infancias resultan decisivos para su desarrollo integral a nivel de las áreas cognitivas, sociales, emocionales, comunicativas, estéticas y de lenguaje.

Se advierte, además, la importancia de la formación docente especializada para la primera infancia, debido a su impacto en las oportunidades de aprendizaje y en el desarrollo de las infancias. El informe insiste en la necesidad de garantizar la inversión pública en este nivel y promover políticas integrales que articulen educación, salud, nutrición y protección social, para romper –en alguna medida– con las brechas antes mencionadas y beneficiar a las poblaciones más vulnerables.

Frente a ello, la educación inicial debe comprenderse no solamente como un servicio educativo, sino como una política de desarrollo social con impacto directo en la vida de las infancias, sus familias, los docentes y las comunidades.

En este punto, nos vamos a detener en la formación de los docentes del nivel, en tanto la profesión exige que sea altamente especializada para atender, en las mejores condiciones, a la infancia temprana.

El docente de educación inicial es un profesional con formación especializada en desarrollo infantil, aprendizaje vivencial, juego, lenguaje, interacciones pedagógicas, además de tener una comprensión profunda del contexto peruano y de las desigualdades sociales, culturales y territoriales que lo atraviesan.

Por esta razón, se trata de un profesional que requiere manejar enfoques interculturales, inclusivos y de atención a la diversidad.

En complemento, la formación docente exige también que se fortalezcan competencias para el trabajo colaborativo con familias y otros agentes, en búsqueda de promover la corresponsabilidad educativa.

A pesar de lo descrito, la valoración de la profesión docente en educación inicial se fortalece cuando se reconoce su importancia pública, se reconoce el valor pedagógico al cuidado y se destaca la complejidad que implica la atención educativa a las infancias menores de cinco años.

Las interacciones cotidianas con infancias menores de cinco años implican la observación, mediación pedagógica sensible, construcción de vínculos afectivos, trabajo permanente con familias y organizaciones comunitarias para garantizar el desarrollo integral de esas infancias.

En este sentido, trabajar con las infancias es una tarea compleja que demanda formación especializada, compromiso ético y responsabilidad pública, pues es durante los primeros años cuando se configuran las bases del desarrollo humano, la ciudadanía y las oportunidades futuras que construirán las infancias.