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  • de junio de 2026

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Los tiernos amores de don Amador: artesano es un ejemplo de resilencia

Usuario de Pensión 65 celebra nacimiento de su décima bisnieta.

Para el maestro artesano, su décima bisnieta llegó como un regalo de Dios; una señal divina que uno aclama en medio de la oscuridad o como recompensa por los años de esfuerzo que entregó para sacar adelante a su familia tras la partida de su amada esposa, Emilia Sánchez.

Después de acariciar la mano de la pequeña Aitana y de sonreírle con una profunda inocencia, confesó que su mirada le recuerda a su Emilia, con quien tuvo siete hijos, pero que partió con apenas 38 años.

“Quedé viudo hace mucho tiempo. Mi esposa tuvo problemas en los pulmones, y desde ese momento no descansé hasta que mis hijos tuvieran una buena base para su futuro”, declaró el octogenario mientras enseñaba un retrato en el que inmortalizó su boda.

En el marco del Día del Padre, conmemado ayer, el usuario del programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e inclusión Social (Midis) recibió la visita de sus familiares que viven cerca de su casa, ubicado en una de las zonas más altas de Carabayllo (Lima).

Yenni Yanet y Elva Soledad acudieron a ver a su padre junto con sus hijos, quienes alegraron el día del emprendedor. Fue así que don Amador se animó a tomarse una fotografía con sus nietos: Ángela, Fabián, Julián, Marley, Dionne y José Luis, y con su décima bisnieta Aitana, quien nació del vientre de su engreída Corayma.

Don Amador aprovechó esta fecha para reflexionar sobre el rol de los padres y el impacto que tienen en los niños y los adolescentes. El usuario de Pensión 65 también se mostró orgulloso de lo logrado y del cariño de quienes lo rodean. “Tengo 7 hijos, 19 nietos y 10 bisnietos, y estoy muy contento del amor que me tienen. Me dediqué a trabajar tanto que los años pasaron volando”, expresó emocionado.

Sin miedo

“Nunca debemos tener miedo a empezar de cero”, afirmó Rivera Rojas, quien pasa sus días confeccionando y elaborando pintorescos bolsos, coloridas chompas y llamativas chalinas.

“Aprendí este oficio de mi mamá. Empecé con bordados, luego tomé los crochés y avancé. Me costó, pero agarré el ritmo necesario. Así me quedé con ese gran legado familiar”, agregó.

Amador atesoró esos conocimientos y continuó con otras labores hasta que, años más tarde, su esposa cayó enferma, y, para estar cerca de ella, desempolvó sus materiales e impulsó su emprendimiento a base de los conocimientos que le dejaron su madre y su amada Emilia.

Aprender para compartir

“Las personas adultas mayores debemos mantenernos activas, ejercitar nuestra mente y participar en actividades que nos permitan continuar aprendiendo y compartiendo nuestras experiencias. Cuando nos mantenemos involucrados y con un propósito, seguimos aportando a nuestras familias y comunidades. 

Asimismo, es importante que nuestras familias nos valoren y reconozcan, porque también fuimos quienes los cuidamos, guiamos y acompañamos desde que eran niños”, finalizó Rivera.

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