• LUNES 22
  • de junio de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

Ética y política


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Decano de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur


Sin embargo, el sendero elegido, donde se negocia sin cuidado ni respeto, no solo destruye la posibilidad del trato consensuado que busca el bien común, sino que es un permanente atentado contra la democracia. Además de socavar la institucionalidad, aniquila los axiomas de respeto y fe en los acuerdos.

En ese sentido, hay que recordarles que la política es, fundamentalmente, un ejercicio constante de intercambio de pareceres cuyo horizonte principal es la búsqueda de la prosperidad social y no solo un mecanismo de beneficio propio. Es decir, no hay nada más antipolítico que ver dicha labor como un instrumento para usufructuar y acumular riqueza personal indiscriminadamente. Son justamente ellos quienes desprecian los marcos éticos y, evidentemente, corroen la sana convivencia al desplegar malas prácticas que atentan contra el pacto social básico. Es clave no olvidar que el fin es que los seres humanos tengan una vida digna, honorable, respetuosa, con total libertad de pensamiento y sean felices.

Las formas con las cuales nos hemos organizado como sociedad y los sistemas de distribución del poder han consensuado que la democracia, aun con sus fallos y brechas, es todavía la mejor manera para alcanzar una existencia plena. Por ello, debemos ser defensores comprometidos con el juego democrático y estar muy atentos a los factores que destruyen las bases de la vida en común. Esta no pertenece solo a los políticos profesionales, sino a todos los ciudadanos; es una responsabilidad cívica de vigilancia constante sobre la arquitectura del poder y la repartición de los recursos.

Así, la ética es el eje estructural del quehacer político. Cuando se la olvida –lo que suele ser a propósito y como un plan premeditado– deben encenderse las alarmas. Pero no se trata solamente de mencionarla o declararla como un deseo, a modo de cumplimiento retórico, sino que hay que vivirla, incorporarla en cada uno de nuestros vínculos y convertirla en un modo de vida, con la constancia y convicción de que un país nuevo, distinto y mejor es totalmente posible.