Gerente de Administración, Finanzas y Abastecimiento de Solgas
Un estudio reciente que realizamos revela que cerca de 1.7 millones de hogares peruanos viven en pobreza energética multidimensional, con mayor severidad en la sierra y selva rural.
Aunque el país avanzó en electrificación, la brecha más crítica está en la cocina.
En regiones como Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco, Cajamarca y Puno, más del 60% de hogares cocina con leña, y en esas zonas más del 50% padece pobreza energética multidimensional.
El uso de leña, bosta o carbón no responde a una preferencia, sino que es consecuencia de bajos ingresos, dispersión geográfica e infraestructura insuficiente.
Por ello, la solución no puede partir de una mirada urbana ni homogénea; debe reconocer que la transición energética también se mide en que una familia deje de inhalar humo dentro de su vivienda.
La OMS advierte que la contaminación del aire doméstico por combustibles sólidos causa millones de muertes prematuras al año. En el Perú, esto afecta principalmente a mujeres y niños, profundizando las desigualdades de salud y desarrollo.
Ante esto, el GLP es un aliado práctico y realista. No es la única respuesta, pero sí una alternativa disponible, segura y escalable para el corto y mediano plazo, especialmente donde el gas natural no llega y la electricidad no resuelve la cocción diaria.
Su logística facilita el transporte terrestre o fluvial y el almacenamiento en cilindros; el país ya cuenta con más de 100 plantas de envasado y miles de puntos de venta.
El debate debe concentrarse en acelerar soluciones con realismo.
La prioridad no es contraponer fuentes, sino ordenar esfuerzos según el territorio: en unas zonas será la electricidad; en otras, el gas natural; y en aquellas zonas donde otras alternativas aún no llegan, el GLP será el puente hacia el bienestar.
Para avanzar, requerimos políticas públicas focalizadas y basadas en evidencia que identifiquen las barreras logísticas para orientar recursos a las intervenciones de mayor impacto y menor costo por hogar.
El desafío es articular al Estado, la empresa privada y la sociedad civil para llevar energía moderna a quienes más lo necesitan. Es una condición básica para el desarrollo.