Opinión
Periodista
Ítala Ureta, autora del libro Autoestima: del sufrimiento a la libertad y coconductora del pódcast FelizMente lo aprendí, sostiene que en muchas mujeres existen creencias limitantes sobre el manejo del dinero. Las más frecuente son el considerar que no son buenas para los números, pensar en dinero es egoísta, o que si ganan más dinero perderán su feminidad.
El gran problema es que estas creencias se transmiten de generación en generación. En mi caso, mi padre me enseñó que los ricos no eran buenas personas porque explotaban a los pobres, y mi mamá, que padeció pobreza económica en su niñez, nunca nos mencionó en nuestra adolescencia y juventud el sufrimiento que eso le causó y en vez de enseñarnos lo importante que es ahorrar el dinero o producirlo decidió no hablar de él.
Si a estas falsas creencias se suman otras, como que es mejor trabajar de manera dependiente que independiente, así te paguen poco, o que es normal que a pesar de realizar el mismo trabajo te paguen menos que a los hombres, no es extraño que las mujeres aprendamos a tenerle miedo al dinero y a conformarnos con lo “seguro”.
Así, la autonomía económica aparece como un sueño inalcanzable porque pensamientos como “no merezco cobrar más”, “es mejor que otra persona se encargue de las finanzas” o “invertir es muy arriesgado para mí”, se van instalando en nuestras mentes sin que nos demos cuenta, retrasando de esta manera nuestra posibilidad de hacernos cargo de nuestras vidas y ser libres.
A mí me ocurrió alguna vez sentir culpa porque mi situación financiera era mejor que la de mi pareja. ¿Qué fue lo que cambió en mí? Gracias a que me di cuenta, empecé a preguntarme por qué aparecía esa emoción. Y era que, en el fondo, no valoraba mi esfuerzo y, por lo tanto, no lo apreciaba. Conversando con algunas amigas después, pude observar que ese sentimiento era más común de lo que imaginaba.
¿Qué podemos hacer? Creo que el primer paso es tomar conciencia y preguntarse: ¿es cierto lo que estoy pensando? ¿en verdad, invertir es muy arriesgado para mí? ¿es verdad que no merezco cobrar más? Solo así comenzaremos a darnos la oportunidad de andar un nuevo camino: el de la confianza y el amor propio. Lo merecemos.