Editorial
“Los hermanos venezolanos requieren ayuda, y el Perú y su extensa comunidad instalada en nuestro territorio les tienden la mano para auxiliar a las víctimas y encaminarlas a un pronto retorno a la normalidad”.
Hasta el cierre de esta edición se contabilizan 1,430 muertos, decenas de desaparecidos, 3,238 heridos y cientos de miles de damnificados que requieren una pronta atención humanitaria.
Como lo ha manifestado el presidente José María Balcázar, no solo se trata de un equipo de rescatistas peruanos con equipos especializados en la búsqueda, la localización, la extracción y la estabilización de personas atrapadas entre los escombros, sino que además un avión de la Fuerza Aérea del Perú trasladará 14 toneladas de carpas, víveres, agua, enseres y otros bienes esenciales con el fin de atender a las familias damnificadas.
El equipo de la Unidad de Búsqueda y Rescate Urbano lo integran médicos, ingenieros expertos en edificación y brigadas caninas especializadas en encontrar personas vivas bajo los restos de los complejos de viviendas que se derrumbaron por el poder del fenómeno telúrico.
La ayuda a nuestros hermanos sudamericanos toma especial relevancia porque el Perú ha formado una fuerte comunidad al recibir a más de 1.5 millones de migrantes en la última década. Hoy, somos el segundo país con mayor número de venezolanos que decidieron emigrar por la grave crisis económica y política.
En estos días, se puede observar un enorme movimiento de los distintos grupos de migrantes que se han volcado a donar alimentos, agua, medicinas, tiendas de campaña, ropa y todo lo que pueda ayudar a una población que se encuentra desprotegida por el desastre natural.
También existe un sentimiento de reciprocidad si recordamos que Venezuela recibió a miles de trabajadores peruanos en la década de 1970, cuando nuestro país vivía malos tiempos económicos. De esta manera, se construye una narrativa de fraternidad, convivencia social y sólidas relaciones sociales.
En tiempos de crisis ocasionadas por los desastres naturales no hay color político que nos divida si el fin es salvar vidas. Los países americanos bañados por el océano Pacífico enfrentamos las mismas amenazas, pues nos encontramos en el Cinturón de Fuego, una región de 40,000 kilómetros de largo donde se ubican varias placas oceánicas que se encuentran en constante deslizamiento.
De allí que el Perú debe estar preparado porque no se encuentra libre de movimientos telúricos. Por experiencia sabemos que lo que salva vidas es, sobre todo, la prevención por parte de las autoridades centrales, las regiones, los distritos y los miembros de las familias.
Los hermanos venezolanos requieren ayuda, y el Perú y su extensa comunidad instalada en nuestro territorio les tienden la mano para auxiliar a las víctimas y encaminarlas a un pronto retorno a la normalidad.