• LUNES 29
  • de junio de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
REFLEXIONES

Cómo estudiar el poder invisible


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Decano de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur


Se despliega en el sistema de creencias, en cada una de las ideologías que nos ayudan a explicar los eventos y las dinámicas sociales que asumimos como normales. No lo percibimos fácilmente: su trama es invisible, se impregna soterradamente en nuestros enfoques, en las respuestas a cada cuestión, en la duda ante una contrastación inevitable. Esos hilos conductores de nuestras razones son imperceptibles: están instalados durante tanto tiempo que se sedimentan conforme se reafirman ante cada situación en la que requerimos definiciones.

Además, es en las prácticas sociales donde se expresa y en las formas organizacionales que cuidan que esta sistematización de la vida persista. Pero también se encarna, se edifica como una arquitectura que opera con documentos, prohibiciones, permisos, validaciones. Tiene una voz pública que se despliega como herramienta de reconocimiento y marcación: se nota con nitidez en eventos como elecciones, debates sobre la gobernanza del país, en cada una de las demostraciones políticas. Y a la vez se distribuye en la cotidianeidad, se erige como una serie de actos domésticos. También tiene lugar, dirección y grupo, y, a la vez, se reparte y se desliza, incorpóreo.

Por eso, estudiarlo para comprenderlo requiere de aparatos metodológicos creativos y adaptables a esa naturaleza abstracta que muta y se mueve con rapidez. Aunque la ciencia tiende a encontrar patrones de comportamiento, la multiplicidad de formatos que el poder adopta exige un abanico de métodos y un soporte teórico denso, bien pensado, en el que la realidad enganche con la puesta en escena argumental. Claro, hay que asumir que en todos los casos son aproximaciones de rasgos estrictamente temporales y discutibles: no son certidumbres permanentes ni absolutas, y permanecen mientras no aparezca una tesis que las rivalice con una explicación mejor y más eficiente.

Y eso es una ventaja para el conocimiento, justamente en su dimensión temporal y fragmentaria, soportada por su propia limitación epistémica: explicaciones parcialmente validadas, funcionales aunque restringidas, condicionadas incluso a sus marcos epocales y a su tendencia ideológica. Tiene que quedar claro que las teorías, por más que tengan suma eficiencia para dilucidar y justificar los modelos de poder, son a su vez acotadas y circunscritas a la propia naturaleza de las fallas y brechas del saber. Cualquier posición teórica que asuma que encuentra todas las respuestas se acerca más a una postura fundamentalista que científica.

En consecuencia, entre el conjunto de disciplinas que estudian el poder, las ciencias políticas, por su propia genealogía como campo epistemológico, encuentran aquí uno de sus más exigentes desafíos.