• MARTES 30
  • de junio de 2026

Cultural

FOTOGRAFIA

Un crack: el paraguayo Augusto Roa Bastos y el fútbol


Editor
Ernesto Carlín Gereda

Editor de Culturales

ecarlin@editoraperu.com.pe


En Paraguay, ese tránsito entre partido y narración encuentra un punto singular en la literatura de Augusto Roa Bastos.

El país que hoy celebra su avance deportivo también tiene una tradición literaria donde el fútbol aparece no como anécdota, sino como forma de pensar la condición humana.

El crack: el fútbol como destino literario

En el cuento “El crack”, Augusto Roa Bastos construye una de las piezas más singulares de la narrativa futbolística latinoamericana. El protagonista, Goyo Luna, es un futbolista de talento extraordinario y cuerpo frágil, casi marginal.

No es un héroe convencional. Es un jugador que parece desbordar la lógica física del deporte. Su genialidad no está en la fuerza, sino en una inteligencia corporal que lo vuelve irrepetible.

El relato no describe un partido. Describe una tensión: la del talento frente al desgaste del cuerpo y las exigencias colectivas del juego.

En ese sentido, el fútbol aparece como una metáfora de la fragilidad humana.

La mente sobre los pies

Roa Bastos entendía el fútbol como un espacio donde la inteligencia domina el movimiento.

En una conversación sostenida en Asunción en 1998 con Ernesto Sábato, el escritor paraguayo lo definió así:

“Me parece increíble el dominio de la mente sobre los pies, para que éstos dirijan ese móvil llamado pelota y producir estrategias casi guerreras”.

La entrevista fue publicada originalmente por la agencia del diario Clarín y reproducida íntegramente por El País bajo el título “Sábato y Roa Bastos, contra viento y marea”.

Sábato, por su parte, participó del diálogo desde su propia relación con el fútbol y su identificación con Estudiantes de La Plata. 

El encuentro entre ambos escritores funciona como un cruce de dos sensibilidades: la literatura como reflexión del mundo y el fútbol como lenguaje de tensiones humanas.

Sábato, Roa Bastos y el juego como pensamiento

La conversación no se limita al deporte. Ambos autores utilizan el fútbol como punto de entrada para pensar la sociedad, la disciplina y la violencia simbólica del juego.

En esa lectura, el fútbol no es entretenimiento. Es estructura. Es estrategia. Es conflicto.

Roa Bastos se distancia así de la visión puramente lúdica y lo coloca en el terreno de lo intelectual: un espacio donde la mente organiza el caos del movimiento.

El fútbol en la narrativa paraguaya

Aunque Roa Bastos es el nombre central, no está solo.

En Paraguay, el fútbol ha sido trabajado por una generación de narradores contemporáneos que lo incorporan como parte de la cultura popular.

Uno de los proyectos más relevantes es la antología “Punta Karaja” (2012), editada por Javier Viveros, que reúne relatos de distintos autores paraguayos vinculados al fútbol.

El libro adopta incluso una lógica futbolística: funciona como una especie de alineación literaria.

Entre sus autores aparecen nombres como David Sánchez, Damián Cabrera, Milady Giménez y otros narradores que exploran el fútbol desde la memoria, la ironía o la identidad barrial.

El gesto es significativo. El fútbol no aparece como tema decorativo. Aparece como lenguaje narrativo.

Un cuento dentro de la historia del fútbol paraguayo

Dentro de esa tradición, algunos relatos conectan directamente con momentos históricos del país.

El cuento “Área chica (o Maldonado gana el título)”, de Crescencio Pueblo, por ejemplo, entrelaza la clasificación paraguaya al Mundial de 1986 con la memoria de clubes como Cerro Porteño.

El fútbol funciona allí como archivo emocional. No se narra solo el partido. Se narra lo que el partido deja en la memoria colectiva.

El fútbol como forma de literatura

En conjunto, la obra de Roa Bastos y la narrativa paraguaya posterior muestran una idea central: el fútbol no es un tema menor dentro de la cultura literaria del país.

Es una forma de representación. Un sistema de símbolos. Un lenguaje que permite hablar de talento, fracaso, disciplina y destino. En ese sentido, El crack no es una excepción. 

Es una entrada. Una puerta hacia una tradición donde el fútbol no se narra solo con goles, sino con ideas.