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  • de junio de 2026

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Dos mujeres, 134 gallinas y un futuro que comenzó con un pequeño ahorro

"Ellas ya saben que es hora del desayuno", dice mientras observa cómo las gallinas se apresuran a picotear el alimento.


A unos pasos, su tía, Rufina Pacpac, cambia el agua de los bebederos, revisa que ninguna ave esté enferma y acomoda los nidos. Mientras tanto, Melis (11), Hermelinda (8) y Aydee (9) recorren el corral recogiendo con cuidado los huevos recién puestos. Es una escena cotidiana que, hace algunos años, parecía imposible.

Hoy, las dos mujeres cuidan 134 gallinas y producen más de un centenar de huevos al día. Pero esta historia no comenzó con un gran capital ni con experiencia en avicultura. Comenzó con siete gallinas.

Un pequeño ahorro que cambió el rumbo

Vilma, de 29 años, y Rufina, de 39, son usuarias del Programa Juntos desde 2010 y 2019, respectivamente. Como muchas familias rurales, durante años enfrentaron dificultades para cubrir las necesidades básicas de sus hogares. El incentivo económico que recibían les permitía asegurar que sus hijos asistieran al colegio y cumplieran con sus controles de salud. Sin embargo, ambas decidieron dar un paso más.

Mientras el apoyo económico ayudaba a aliviar las necesidades inmediatas de sus familias, ellas comenzaron a ahorrar una parte del incentivo. No era mucho, pero sí suficiente para intentar algo diferente. Vilma compró tres gallinas y Rufina cuatro. No tenían un corral ni conocimientos sobre crianza; las aves caminaban libres por el patio y el aprendizaje llegaba a prueba y error.

"Fue un inicio muy humilde, pero sabíamos que teníamos que empezar por algo", recuerda Rufina.

Con el paso del tiempo, aquellas siete gallinas se multiplicaron hasta convertirse en un emprendimiento familiar que hoy sostiene una parte importante de la economía de ambos hogares. En la entrada de la vivienda, un letrero pintado a mano resume con orgullo el camino recorrido: "Mi Granjita de la Familia Pacpac".


Aprender para crecer

El crecimiento del negocio no fue producto del azar. A través del trabajo articulado entre el Programa Juntos y Foncodes, Vilma y Rufina accedieron al proyecto Haku Wiñay, donde recibieron capacitación técnica para mejorar la crianza de sus aves, construir corrales adecuados y convertir una actividad doméstica en un emprendimiento sostenible.

Aprendieron sobre alimentación balanceada, prevención de enfermedades y manejo de la producción.

"Ahora sabemos exactamente qué necesita cada gallina para producir bien", explica Vilma mientras prepara una mezcla de maíz molido, cebada, afrecho de trigo, alimento balanceado y verduras que cultivan en su propio huerto.

Los resultados son visibles. Cada mañana llenan varias jabas con huevos frescos que luego comercializan en mercados y ferias de la zona. Con el tiempo dejaron de ser vendedoras ocasionales para convertirse en proveedoras reconocidas por la calidad de su producción.

Mucho más que vender huevos

Los ingresos que obtienen no solo fortalecieron la economía familiar. También les permiten asegurar una mejor alimentación para sus hijos, cubrir gastos escolares, atender necesidades de salud e invertir nuevamente en su emprendimiento.
En Pucap, su historia ha comenzado a inspirar a otras mujeres que buscan generar ingresos sin abandonar sus comunidades.

El mercado también juega a su favor. Según la Asociación Peruana de Avicultura, cada peruano consume, en promedio, 249 huevos al año, lo que convierte a este alimento -nutritivo, accesible y de alta demanda- en una oportunidad permanente para pequeños productores como ellas.


Cuando una oportunidad encuentra decisión

Vilma y Rufina coinciden en que el Programa Juntos representó mucho más que una transferencia monetaria. Les dio la posibilidad de mirar más allá de las necesidades del día a día y pensar en el futuro.

Ese primer ahorro permitió comprar las gallinas con las que inició todo. Después llegaron el acompañamiento, las capacitaciones y, sobre todo, la confianza para creer que podían construir un negocio propio.

Porque el verdadero cambio no ocurrió cuando aumentó el número de aves en el corral. Ocurrió cuando dos mujeres decidieron transformar una ayuda temporal en una oportunidad para salir adelante.


Hoy, en medio de las montañas de Áncash, los corrales de la familia Pacpac son mucho más que un espacio de producción. Son el reflejo de cómo el esfuerzo, el acompañamiento del Estado y la decisión de una familia pueden convertir un pequeño ahorro en un proyecto de vida que sigue creciendo, un huevo a la vez.

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