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Editor de Culturales
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La producción, impulsada por la Municipalidad Metropolitana de Lima, rescata una de las obras más ambiciosas del repertorio lírico vinculado con la historia peruana y devuelve al escenario una partitura que durante décadas se creyó prácticamente perdida.
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Para Miguel Molinari, gerente de Teatros y Cultura de la Municipalidad de Lima, este reestreno constituye un acontecimiento histórico.
“Es una gran ópera. Por su calidad, complejidad y formato de su orquesta, puede compararse con Aída. Es una obra monumental que demuestra que la historia operística del Perú tiene un patrimonio mucho más importante de lo que normalmente se cree”, declaró al Diario Oficial El Peruano.
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Incas italianos
Molinari recuerda que Carlo Enrico Pasta llegó al Perú en 1855, y rápidamente se integró a la intensa vida cultural de la colonia italiana establecida en Lima, y compartió época con figuras como Claudio Rebagliati y Antonio Raimondi.
Durante su permanencia en el país escribió La fronda, considerada por diversos investigadores como una de las primeras óperas compuestas en el Perú. Antes únicamente se había estrenado La púrpura de la rosa, obra que precisamente este año también volvió a los escenarios peruanos tras un prolongado silencio.
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“Creo que Pasta quiso regalarle una ópera al país que lo acogió. Su intención era ofrecerle al Perú una gran obra inspirada en su propia historia”, afirma Molinari.
Héroe de ópera
La figura de Atahualpa despertaba un notable interés artístico en el siglo XIX. El personaje inspiró posteriormente obras como Los funerales del inca, de Luis Montero, y Molinari considera posible que el compositor también encontrara inspiración en ese universo pictórico e histórico, aunque no exista una prueba documental definitiva.
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La música responde plenamente al lenguaje romántico de la época. Pasta, contemporáneo de Giuseppe Verdi, desarrolló un estilo cercano al de las grandes producciones italianas del siglo XIX.
“No estamos frente a una curiosidad histórica. Es una verdadera gran ópera. Tiene una orquestación enorme, una escritura muy elaborada y momentos musicales de extraordinaria fuerza”, sostiene Molinari.
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El libretista de Aída
Uno de los mayores atractivos de la obra es su libreto, escrito por Antonio Ghislanzoni, el célebre autor del texto de Aída y colaborador habitual de Verdi.
El libreto de Atahualpa fue incluso impreso por la prestigiosa casa editorial Ricordi, una de las editoriales musicales más importantes del mundo en aquella época.
La trama recrea la captura del inca en Cajamarca y desarrolla una historia sentimental protagonizada por Cora, pariente del monarca y enamorada de Hernando de Soto.
El desenlace de esta difícil coyuntura combina un tema muy identificable con el Perú con los ritmos propios del canto lírico.
Molinari destaca precisamente esa mezcla de elementos europeos y peruanos.
“Hay ritmos que muestran un claro sincretismo. Incluso aparecen fragmentos de nuestro himno nacional. Pasta buscó incorporar elementos de la identidad peruana dentro del lenguaje de la gran ópera italiana”, asegura.
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Rescate
La recuperación de Atahualpa fue posible gracias a un largo trabajo musicológico. La partitura orquestal completa no se conservaba, por lo que fue necesario reconstruirla a partir de la reducción para canto y piano localizada tanto en un microfilm conservado por la University of California, Berkeley como en materiales existentes en el Perú.
Con esas fuentes se encargó al musicólogo italiano Matteo Angeloni la reconstrucción integral de la orquestación, labor que permitió devolver la obra a condiciones de representación.
Las últimas funciones escénicas registradas datan de 1892 y 1912, mientras que en 2013 solo pudo ofrecerse una versión en concierto durante el Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda, precisamente con la nueva orquestación.
Proyecto soñado
Molinari recuerda que la posibilidad de recuperar Atahualpa lo acompañó durante mucho tiempo.
Apenas tuvo acceso a la partitura comenzó a buscar la forma de llevarla nuevamente a escena.
Incluso, cuando el tenor Plácido Domingo visitó Lima, le obsequió una copia de la partitura y conversaron sobre la posibilidad de interpretar la obra.
“Alguien me dijo que si quería sorprender al Maestro, le diera una partitura que él no conociera. Dicho y hecho. En esa reunión se la pasó repasando lo que le había regalado”, confesó.
También existió la propuesta de inaugurar con ella el Gran Teatro Nacional durante el segundo gobierno de Alan García, que en breve celebra 25 años de existencia, pero entonces la reconstrucción orquestal aún no había concluido.
Ahora ese proyecto finalmente se concreta bajo la dirección escénica de Alejandro Chacón, en una producción íntegramente realizada por el Teatro Municipal de Lima.
Patrimonio de vuelta
Para Molinari, el retorno de Atahualpa también invita a replantear la historia de la ópera en el país: “Muchas veces creemos que la ópera siempre viene de afuera. No es exactamente así. La ópera siempre ha sido un lenguaje universal, y el Perú también participó de esa tradición. Recuperar esta obra significa recuperar una parte importante de nuestra historia musical”.
114 años tiene la ópera Atahualpa sin ser escenificada.